Cuando los soviéticos pirateaban vinilos con radiografías

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Por Angie Narciso García

Ubiquémonos en plena Guerra Fría, tiempo donde las amenazas nucleares flotaban en el ambiente. Un momento donde el mundo se encontró dividido prácticamente en dos por un conflicto ideológico entre el bloque capitalista y el comunista. No solo se trataba de un enfrentamiento político, económico y militar; el impacto de esta hostilidad también permeó lo social y lo cultural, desde el cine y la literatura hasta lo musical. Todo se volvió más evidente en 1961 cuando se empezó a construir el Muro de Berlín.

La estructura dividió a Alemania en dos y delineó las nuevas fronteras entre la sociedad occidental y la Unión Soviética, la cual, en su momento, optó por medidas drásticas. Justo en ese periodo, la industria discográfica estaba completamente controlada por el Estado soviético. Solo se fomentó la creación musical con fines claramente políticos y lo que no entrara en esa categoría era prohibido. El tango, el foxtrot, el mambo, o cualquier ritmo latino fueron objeto de censura. Desde luego, el jazz, el blues, el boogie-woogie, el rock’n’roll, o cualquier expresión sonora occidental (que dejara algo a la imaginación) entraba en la lista, pues eran “un riesgo para el partido”, a tal punto que, los distribuidores y fabricantes de discos se convirtieron en algo equivalente a los vendedores de drogas: criminales.

Fabricante

Rudolf Fuchs, fabricante de los famosos discos-huesos

Mientras los melómanos pasaron a ser criminales y los discos otro producto del mercado negro, tuvo lugar uno de los actos más emblemáticos de resistencia: los amantes de la música se las ingenian y hacen de las radiografías su materia prima para grabar álbumes y canciones prohibidas. Eligen estas láminas de acetato porque su superficie resulta idónea para trazar bien los surcos. Así pues, van de hospital a hospital en busca de placas usadas de rayos X, luego las recortan en forma de círculo, con un hueco en el medio, simulando la estructura de un vinilo. Estos se llamarían discos-huesos.

Ray X

En la Unión Soviética era difícil (por no decir imposible) encontrar máquinas que permitiesen grabar y prensar en película de plástico. Solo había una de esas en Leningrado. Ante la adversidad, los piratas empiezan a fabricar imitaciones, distintas versiones del objeto, las cuales eran muy parecidas a un gramófono, solo que en vez de la aguja hay una púa que corta y traza los surcos.

Maquina

Estos personajes no fueron disidentes políticos, sino amantes de la música que vieron en ordinarias radiografías una manera de guardar aquellas piezas musicales que les eran prohibidas escuchar. No solo encontraron un extraordinario medio alternativo de reproducción, sino que su tecnología pirata le dio a una generación de jóvenes soviéticos el acceso a los sonidos occidentales censurados durante el régimen. Entonces, sobre el registro de una clavícula, un fémur, o un cráneo, se podía escuchar a The Beatles, Pink Floyd, David Bowie, Elvis Preley, Jerry Lee Lewis, Duke Ellington, Louis Armstrong, entre otros grandes.

Surco

Esta serie de eventos quedaron plasmados en un libro titulado X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone (Sonido en rayos X: La extraña historia de la música soviética en los huesos). Sin embargo, para complementar, The Vinyl Factory recientemente produjo X-Ray Audio: The Documentary (2016), una pieza audiovisual que registra los testimonios de Kolya Vasin, un amante de The Beatles que empieza a narrar su papel en esta historia con un “A wop bop a loo bop a lop bam bam”, dejando en evidencia su gusto por Little Richard y el rocanrol americano (música que distribuía). Asimismo están las anécdotas del coleccionista Victor Dubiler, Nick Markovitch (comprador) y Rudolf Fuchs, quien fue encarcelado por más de un año tras fabricar los famosos discos-huesos.

Libro

Libro X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone

A través de imágenes de archivo, este corto-documental cuenta como los piratas musicales inicialmente se contactaban con jóvenes ricos, hijos de diplomáticos o agentes de la KGB para conseguir discos y duplicarlos. Además deja ver como Leningrado por ser un puerto y estar cerca de Europa, se constituyó como un puente que permitía la entrada de material musical, esto a través de marineros rusos entre otros viajeros que iban al extranjero y regresaban con algunos vinilos de contrabando.

Stephen Coates,

Stephen Coates, autor de X-Ray Audio

Cada una de las entrevistas de X-Ray Audio: The Documentary (2016) son llevadas a cabo por Paul Heartfield y el músico Stephen Coates, conocido como líder de la banda británica The Real Tuesday Weld. Él años antes, justo en un mercado de pulgas de San Petersburgo, descubrió una placa de rayos X que tenía la forma de un vinilo, y tal disco-hueso fue el hallazgo que nos permitió conocer este secreto musical de la Guerra Fría, uno que ahora cuenta con un archivo en línea (The X-Ray Audio Project), un libro, una muestra itinerante y ahora un documental.

 


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