La Máquina Camaleön

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La colorida efervescencia de La Máquina Camaleön

Por Plan Artería para Revista Metrónomo

INTRO

“¿Si vinieron desayunando hoy?”, pregunta el chico vestido con una camisa blanca con pequeños estampados y pantalón negro. Su cabello está abultado, acaba de regalar su gorra a un fan. Se pone un chaleco salvavidas, como los que están bajo los asientos de los aviones, lo infla. Alguien le ofrece un shot de ron. Lo bebe. Salta. Los brazos de sus fanáticos se levantan y forman una marea que lo sostiene.

Es 21 de junio de 2015 en Cuenca, Ecuador. El Parque Calderón está repleto. La Fiesta de la Música junta a un público extenso, especialmente joven. Hay adolescentes que no pasan de los 19 años. Ellos gritan, se agarran la cabeza, la sacuden, mueven los pies, saltan… Hay euforia y descontrol. Suena “El Amuleto”. La multitud grita el coro –es el amuleto, es el amuleto, es el amuleto el que hay que sacar– mientras llevan al chico de la camisa blanca de un lado a otro. Se trata de Felipe Lizarzaburu, el Camaleön (así, con diéresis en la o), el líder de la banda quiteña La Máquina Camaleön.

¿Cómo alguien que tenía pánico escénico cuando era adolescente se atreve ahora a crowdsurfear como todo un rockstar? ¿Qué hizo que la banda tenga mucha más acogida en tan pocos meses? ¿Qué fue lo que marcó el antes y el después dentro de la banda?

La Máquina Camaleön

LA FIEBRE AMARILLA

Todo estalló –o se hizo evidente– desde El Carpazo, uno de los festivales que, por su público y cartel, se está convirtiendo en uno de los más ambiciosos de Ecuador. En abril, La Máquina Camaleön llenó un escenario alterno que se hizo efervescente gracias al calor y a la entrega. Ellos fueron como Mentos y sus fans como Coca Cola dietética. Juntos explotaron, era solo cuestión de tiempo.

Las reseñas positivas empezaron a llover. Su número de seguidores en redes sociales se duplicó (ahora son casi 5 mil en Facebook sin haber pagado nunca para promocionar sus publicaciones). Las invitaciones a tocar en las principales ciudades del país crecieron también. El show del Carpazo sacó a la superficie a un fenómeno que ahora se parece a la versión micro de la beatlemanía. Los gritos de los fanáticos cuando los ven lo delatan, algunos hasta lloran de la emoción. Quizás todo se deba a que la experiencia camaleónica va más allá de la música. Ellos salen al escenario a gozar y hacer gozar. La conexión y la relación cercana con el público son fundamentales, ellos que cantan (o gritan) todas las canciones de su repertorio. La que marca el punto alto es “El Inmenso”. Un tema que arma el relajo… y el pogo. “¿Para qué volar si aún no aprendí a caminar?”, dice uno de sus versos.



“Magnetismo”, así define El Camaleön a lo que está pasando en la banda que lidera. Guiado por la idea de “menos mente, más baile” compuso las canciones que conformarán Amarilla, el follow-up del primer disco de la banda al que llamó Roja. En la nueva producción musical de La Máquina Camaleön se encontrarán teclados ochenteros, estribillos repetitivos y letras que le cantan al baile, al amor, a las piedras, a las serpientes y a los gatos. “Shiva” y “Bonanza” son la primera probada de Amarilla que la banda ha regalado a su público en sus conciertos en vivo. La única condición es bailar.

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“Sin confianza no hay nada. En La Máquina Camaleön, todo se trata de la conexión con la gente. Hacemos música para que la gente goce. Hay músicos que hablan de hacer música para uno mismo. Si quieren, que hagan. Yo hago música para todos”.

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Conocer en su totalidad al Camaleön, a sus colores y sus matices puede resultar complejo. Cuando no está auto promocionándose en Facebook, coquetea con la experimentación en cada ensayo y presentación. Nunca se sabe qué esperar de ese personaje. Por eso, Revista Metrónomo quiso adentrarse en su creatividad y vehemencia y conversó con él acerca de todo y nada a la vez.

Revista Metrónomo: ¿Un color?

El Camaleön: Amarillo.

RM: ¿Un verbo?

EC: Ser.

RM: ¿Un movimiento?

EC: Ascender.

RM: ¿Un disco?

EC: Love de los Beatles. Un remix de sus hits para el Circo del Sol.

RM: ¿Un libro?

EC: Guía práctica del bufón lúcido, de Raúl Prchal.

RM: ¿A qué te refieres con cambiar la cabeza por los pies?

EC: Bailar, dejar de pensar y hacer pies en la tierra. Tierra.

RM: ¿A qué hora del día, o de la noche, te llega la inspiración?

EC: A todas. A veces, la noche sirve para lograr mayor enfoque, pero el grifo siempre está ahí esperando a ser abierto.

RM: ¿Qué te inspira para escribir actualmente? ¿Hay alguna musa rondando por tu cabeza?

EC: Si es que estás en el momento perfecto, pensando lo correcto, hasta una Coca Cola podría ser inspiradora. Pero, por lo general, me inspiran los gatos, los ojos, las cosas que flotan y las cosas que pesan.

RM: ¿Qué diferencia a Amarilla de Roja?

EC: Madurez.

RM: Qué es primero, ¿la letra o la música?

EC: Qué es primero, ¿el huevo o la gallina?

La Máquina Camaleön

LOS INICIOS

Era 2 de febrero de 2011, ese día nació El Camaleön. Al día siguiente floreció la idea de formar una banda llamada La Máquina Camaleön.

RM: ¿Cuándo te dieron ganas de salir a tocar?

EC: Nunca, tenía pánico escénico. Solo fue pasando.

RM: ¿Qué sentiste la primera vez que te subiste a un escenario?

EC: Tenía 15 años y era un festival de colegio. Era el menor de la banda La Burra Mansa. Mi mamá me dio full valeriana. A la final todo salió bien, como siempre.

RM: ¿Qué disco escuchabas mucho cuando eras niño?

EC: Grandes éxitos de Mocedades, es mi gran secreto. Amo Mocedades.

RM: Cuéntame una anécdota musical de tu niñez, tu abuelo es cantante. ¿Creciste en un medio artístico?

EC: Pasé full tiempo buscando un teclado que me sirva para tocar en vivo, a la final y hoy por hoy estoy usando el órgano que he tenido toda la vida que me regaló mi abuelo. Siempre estuvo ahí, claro que le tuve que cortar los pies para que no sea transportable y le quemé una vez por experimentar.

RM: En los primeros conciertos de LMC, la gente estaba relajada, tu interacción con ellos era más bien distante. Ahora hay puro frenesí y gritos desaforados de chicos que te miran como si fueras un ídolo popular ¿Qué marcó ese antes y después de la banda?

EC: Tiempo. Sacar Roja, subirse a los escenarios, solidificar la banda, bombardear medios y perseverancia.

La Máquina Camaleön

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RM: Aparte de Amarilla, ¿qué otros planes tiene La Máquina Camaleön para el futuro?

EC: Verde, Azul, Índigo y tal vez Ultravioleta. Hay que ver, hay que hacer.

RM: ¿Qué ingredientes componen a La Máquina Camaleön?

EC: La Máquina es Camaleön, cuando se llega a un estado de sincronía pura, es 50 % fe y 50 % huevos.

RM: Atraes especialmente a las audiencias jóvenes. ¿A qué crees que se debe eso?

EC: A que mis canciones tienen edades, y según el tema canta un Camaleön diferente, desde 7 años hasta 38, ojalá logre hacer una de 3 y otra de 70 algún rato.

RM: ¿Qué es para ti el éxito?

EC: Hacer canciones que me emocionen. Nada mejor que salir de un ensayo con un nuevo tema en el que no puedes dejar de pensar.

RM: ¿De qué versos que hayas escrito estás súper orgulloso?

EC: “Yo estoy al fin curado porque destruí lo que siempre me ha sobrado. Cada vez más liviano, es la elegancia de ir levitando”; “Si quieres negociar el alma se puede cortar, te cambio esta mitad por la cola de algún animal”; y “No sé si es amor o es algo mejor”.

RM: ¿A qué bandas admiras actualmente?

EC: Estoy traumado con escuchar bandas ochenteras y noventeras que antes me parecían absurdas y que sonaban feo. Me he reconciliado con el pop al punto en el que puedo disfrutar los grandes hits de Chayanne o de los inicios de Maná, me encantan y no me avergüenzo del ultra pop.

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“No existe un momento en el que no esté haciendo o pensando en música. Antes sí. Ahora -por suerte- estoy totalmente absorbido. El ocio y el trabajo son parte de la creación.

¡Sí!”

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La Máquina Camaleön es:

Felipe Lizarzaburu: voz, teclados.
Rodrigo Capello: guitarra, coros.
Mateo José González: guitarra.
Martín Flies: batería.
Martín Erazo: bajo.

 

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Comentarios
  • RODRIGO ANDRES RUIZ RUIZ
    Responder

    que buena crónica y entrevista , Grande la MC

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