Celebrando con sonidos a baja fidelidad en Asilo Bar | Festival Hermoso Ruido 2015

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Celebrando con sonidos a baja fidelidad en Asilo Bar | Festival Hermoso Ruido 2015

Viernes. Son las 11:15 pm y hace frío sobre la Av. Caracas. Camino a mi destino voy cruzando algunas calles que guardan fachadas de muros recubiertos de hollín e intentos de graffiti (rayones). Justo al frente de una de esas, tres habitantes de la calle preparan con basura una suerte de fogata. Más adelante, se erigen lugares que a base de letreros de neón invitan a unos cuantos noctámbulos a estimularse. Ya se encuentra desde la pequeña tienda de barrio que ofrece cerveza a precio moderado, como los antros para sellar el aspecto más crudo, físico y comercial de las relaciones carnales, hasta los puntos para el esparcimiento musical.

Asilo Bar es uno de estos. Sin embargo esa noche el lugar se constituyó como una de las sedes del Hermoso Ruido, aquel festival que ofrece constantemente nuevos nombres con propuestas interesantes, a menudo osadas, y que justamente en ese momento nos invitaba a presenciar el show de una banda mexicana y otra colombiana.

Ya el recinto estaba medio lleno. Al principio rotaron unas cuantas pistas de Joy División, The Human League y The B-52’s. Los asistentes se entretuvieron con eso y algo de alcohol hasta que luego complementaron su estimulo con la primera banda que apareció sobre un pequeño escenario:

Los Blenders

Los cuatro jóvenes desplegaron su mezcla de rock n’ roll, ataque medio lo-fi con gancho pop e historias que solo hablaban de sustancias prohibidas. Soltaron temas como “Oye”, de una cadencia rocanrolera que no causó mayor furor aunque si incitó a algunos cuantos a integrar una especie de baile que solo consistió en mover la cabeza y dar golpes con el pie sobre el piso como si se llevara la nota allí mismo.

Los Blenders | Festival Hermoso Ruido

Vale destacar que estos músicos corrieron algunos riesgos auditivos. Contaron con un gran número de pedales que les permitía generar sin número de efectos donde llegaron a un sonido lo-fi impecablemente desprolijo e intenso, pero sin abusar de las distorsiones de guitarra y los delays, como en su interpretación de “Chavos Bien”, justo donde Alejandro Archundia, voz principal y guitarra rítmica del grupo, lanzaba un estribillo bajo un concepto que hablaba en unas partes sobre la apatía a la vida ordinaria y el rechazo al concepto social de madurar: “mi tiempo quiero perder, matarme antes de envejecer. Vamos a comprarnos drogas y nos las metemos todas”. Lo entonaba con fuerza y arranque, copando así con su voz, un recinto irónicamente ubicado en plena Av. Caracas con 40, cerca al epicentro de las “ollas” de la ciudad.

“Fa, fa, fa, fa. Equis somos chavos bien, somos chavos y es para siempre”, seguía cantando él.

A esto le siguió “Amigos”, donde terminaron de reforzar su discurso en el cual solo aluden a pasarla bien, abrazar las cosas simples y menos complicadas. Algunos asistentes se unieron a la premisa y con cerveza en mano viajaron así con los artistas mexicanos, quienes una vez terminaron su presentación, se dirigieron al fondo del bar para descansar.

(Lee aquí: “Nuestra música es para bailar, para echar desmadre”| Los Blenders)

Los Blenders | Festival Hermoso Ruido

– Y Los Blenders siguen la fiesta, ¿no?.

– Claro, tenemos otra presentación en La Ventana (al final sería en Armando Records). ¿Es como medio fresa el lugar cierto?, dice Guillermo Pacheco, el baterista de la banda.

– Sí, un poco. Es muy diferente a este espacio, si te digo, Asilo Bar está ubicado en lo que antes fue un antiguo burdel.

– ¿A poco?

– Aja.

– ¡Uy!

– ¿Y cómo les ha parecido toda esa experiencia de venir, tocar y conocer Bogotá?

– Está bueno. Ayer fuimos a Armando Records, también es muy fresa el lugar… (risas), contesta Pacheco mientras se sirve un trago de vodka y se pierde en la celebración.

The Kitsch, amen.

The Kitsch - Festival Hermoso Ruido

Si esa noche la baja fidelidad en primera instancia comprendió distorsiones, en esta ocasión abarcaría mucho más. Primero, el líder de la banda aparece acostado sobre el piso del escenario, justo allí sujeta su guitarra mientras se revuelca y escabulle como si tratara de hacer una burla a las poses de un típico rockstar.

Luego de interpretar “Harto de ti” y  “Animalitos”, manifestó: “les trajimos los 14 cañonazos de The Kitsch”. Acto seguido se alterna la cumbia con sus toques abrasivos de garaje. Posteriormente prosigue con una entonación de pulsación salvaje y ácida, como si una gruesa lija raspara sus cuerdas vocales.

El sudor ya escurría en aquellos rostros que se mostraban conmovidos ante el repertorio de los músicos bogotanos. Estos ya se habían ganado a los asistentes al encadenar temas como “Tu uña encarnada”, “Lámeme todo” y “Quiero bailar con tu mamá”, que sonó como un tiro al igual que la emblemática interpretación de “Me siento loco”, una canción de Los Yetis.

(Encuentra aquí: The Kitsch: Predicadores del garaje sucio de Bogotá)

The Kitsch - Festival Hermoso Ruido

Bastó solo un poco de tiempo en una noche para que The Kitsch, perfectamente engrasada, cumpliera su cometido con sobradas dosis de energía y entrega. La agrupación colombiana salió enfocada hacia su faceta más eléctrica y carnosa. Cada uno de sus integrantes, sobrados de actitud y estética, interpretaron una música capaz de estimular a tal punto que el público entró en un pequeño episodio de desenfreno bailable. Así que la obligación de madrugar al día siguiente para ir a trabajar o terminar algunos quehaceres, no fue inconveniente para que un buen número de personas aguantara hasta el final, uno donde muchos terminaron extasiados y locos. Eran locos que pedían más hermosos ruidos y no querían salir de su asilo.

The Kitsch - Festival Hermoso Ruido

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