Massive Attack | Blue Lines

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Massive Attack | Blue Lines

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Puntaje - 8.5

8.5

Nuestra Calificación

Resumen Un álbum premonitorio, anticipado y rompedor donde los músicos de Bristol devolvieron parte de la esencia de las pistas de baile: la cercanía corporal.

Por: Juan Carlos Lemus

Los hijos adelantados de The Wild Bunch, Grand “Daddy G” Marshall y Andrew “Mushroom” Vowles crearon Massive Attack, y comenzaron así su invasión a ciertos rincones inexplorados de la psique colectiva. Así el mundo se enteraba que, además de buques, por el puerto de Bristol confluían una extensas formas sónicas que solo manos de expertos artesanos sabrían dominar. Y a la inspiración toca ayudarla para hacerla realidad con unas líneas que, aunque incorpóreas y azules en este caso, elevan el estado de conciencia cuando pasan por encima de muchas tradiciones musicales para generar nuevas simbiosis sonoras.

En 1991 los Massive Attack ajustaron los pernos y rompieron la champaña con su álbum debut: Blue Lines (1991). El acorazado cargado con nueve torpedos capaces de explotar la cabeza de cualquiera con su inidentificable mistura musical. Un trabajo que contó con la colaboración en letras y vocales de, entre otros, Robert “3D” Del Naja, Tricky y Shara Nelson. Donde los ecos de jazz, soul, dub, funk, hip hop, dance se oyen atravesados por cierta psicodelia punk que recorre de proa a popa este buque. El buque insignia del llamado ‘Sonido Bristol’. Soltó así amarras el trip hop que partía a conquistar el mundo.

En la proa, “Safe From Harm” llega rompiendo la aguas con un sonido pesado derivado de un  bajo profundo y denso. Allí la repetitividad y un tartamudeo sintetizado encastra ideas de persecución y miedo que la melodiosa voz de Shara no logra calmar. “One Love”, con la cadenciosa voz Horance Andy, está presta a destapar esa mezcla desconocida por el planeta; con este corte se ingresa a un terreno virgen y de deliciosas cadencias y contrastes.


Y seguimos con “Blue Lines”, donde en medio de la base hip hop, soul y rap de Massive Attack se va a un contrapunteo con Tricky, con su incatalogable voz, y de esta forma nos lo presenta; una canción relajada en la que no se pierde el sentido del movimiento de todo el trabajo.

Sigue el extendido soul en “Be Thankful For What You’ve Got”. ¿Qué bar en Chapinero no la atesora? La inagotable pieza con la que muchos han podido ir más lejos que una buena fiesta, esto por cuenta de la cadencia que imprime la voz de Tony Bryan en tanto un beat cuasi caribeño induce a bailar cuerpo a cuerpo.

Con “Five Man Army” la banda sigue bogando por aguas tibias, y los sonidos jamaiquinos se matizan con el indolente rap de Tricky; el cuerpo pide seguir moviéndose con la gravedad a la que invita esta interpretación. Mientras tanto en “Unfinished Sympathy” la voz Shara y un piano sirven de guía y nos acerca a lo que podría ser una balada que navega con soltura en medio de dos complicadas aguas: las profundas de los sonidos de instrumentos de cuerdas clásicos, que hamacan, con las superficiales de un acelerado beat, producto de la mezcla de batería programada y percusión sampleada, que sacuden.

Y arribamos de día a puerto con “Daydreaming”, el primer sencillo, con un loop fijo en las bajas frecuencias intenso y pegajoso que da sensación de movimiento y libertad, tal como caminar y descubrir una gran ciudad sintiendo que todo funciona. “Lately”, y nos cogió la noche, o se alargó tanto que se hizo día cuando la voz de Nelson y los bajos y batería apenas son acompañados por scratches junto a una especie de órgano de viento lejano. Para despedirse está “Hymn of the Big Wheel” refresca la cara, definitivamente amaneció y está todo bien, los sintetizadores tiran atmosferas de bienestar; todo se mueve como debe ser bajo el “cielo azul” como dice Horace Andy.


En Blue Lines (1991) sentimos la fortaleza de la música negra desde el fondo del espectro audible en cuanto son los bajos los que sostienen poderosamente todo este intrincado andamiaje musical. Un álbum premonitorio, anticipado y rompedor donde los músicos de Bristol dan una vuelta de tuerca al devolver parte de la esencia de las pistas de baile: la cercanía corporal.

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