Omar Souleyman: Rave made in Siria

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Omar Souleyman: Rave made in Siria

Una entrevista con un artista que comenzó como cantante para ceremonias tradicionales en Kurdistán y que ahora conquista los festivales musicales más grandes del Occidente.

Como caramelos explotando en la boca. Algo así es la sensación que produce oír la música de Omar Souleyman, personaje que en contraste con su sobria apariencia, ha logrado fabricarse ese tipo de música extática que se sitúa entre lo místico y lo mundano, de esa que es capaz de hacer estallar hasta el último intento de baile disponible, tan inusual pero tan encantadora a la vez que ha sonado en los festivales más importantes del planeta como el Roskilde y el Glastonbury.

Este músico empezó haciendo carrera cantando para animar las bodas sirias, “celebraciones muy largas, que suelen durar un día entero y donde la música nunca para de sonar”, me dice. Pero lo más curioso es que en medio de esto quedaron diversos videos caseros que registraron su trabajo, estos se fueron filtrando en internet y faltó poco para que su popularidad se disparara, llegando a editar sus discos Leh Jani Wenu Wenu y de paso llamando la atención de la mismísima Björk, quien luego le encargo tres remixes para Biophilia.

De ahí saltó al circuito musical internacional y ahora conocemos lo que hace hoy: un formato de música techno puramente deconstruído en el que mezcla sonidos electrónicos con su herencia musical como el dabke que es folclore árabe y el choubi, una corriente musical iraquí caracterizada por ritmos percusivos de tiro rápido en los que puede haber presencia de violines, tambores y teclados. Y finalmente el shaabi, que podríamos denominar como la “música de la barriada” del Oriente Medio por tratar temas de orden social en sus letras, aunque rítmicamente también es de una cadencia de melódica frenética.


Todo este mestizaje sonoro magníficamente compactado que nos da Souleyman es ejecutado por su tecladista Rizan Sa’id, quien echa mano del casiotone para emular todos estos sonidos. Aunque claro, el teclado no es el único instrumento que compone todo este haber musical: “Eso depende de la ocasión. A veces uso el Saz (cordófonos). También tenemos Zurna (instrumento de viento), Ney (flauta) y otros”, nos cuenta Souleyman y reitera que entre sus influencias están las baladas árabes de la cantante libanesa Fairouz y la música de la cantante egipcia Oum Kalthoum, “no obstante, siempre suelo oír mucho a los cantantes locales de mi región”, comenta.

Y a pesar de que Ras al-Ayn (su pueblo de origen) pasa por una guerra civil sin dejar de mencionar que fue objeto de sospechas por utilización de armas químicas de la mano del presidente Bashar al-Assad en contra de la población, para Souleyman “allá la vida es buena”. Sin duda, una vez más la música surge como una zona de distención donde el artista ha sabido forjarse su propio camino sin forzarlo, dándonos el mejor beat esencial de su sonido y a mi modo de ver el mejor “techno sirio”.

Aunque algunos pueden decir que este artista perezosamente utiliza una instrumentación muy simple, cosa que al final es una cuestión más de estética que de técnica porque su producción es tan valiosa como el tango, la salsa, el fado, el rebetiko, y como muchos de esos géneros sonoros que provinieron de la barriada. Al final, este músico con su retórica y una caja de ritmos se logra montar los mejores raves. Nada más para darse cuenta hay que exponerse sonoramente a tres de sus mejores temas: “Leh Jani”, “Shift Al Mani” y “Warni Warni”.


Es increíble ver cómo este personaje trascendió de los salones de bodas y los puestos de cassette informales que llenan las plazas de Siria a los escenarios musicales más importantes. Y aunque ya tuvimos la oportunidad de oírlo en vivo en Bogotá, vale la seguir explorando su propuesta, pero no solo porque está empezando a encajar en la conciencia popular occidental debido al perfil exótico que le han adjudicado, sino porque es la mejor manera de acercarse a una corriente musical poco explorada, una en la que Souleyman nos sirve un poco de todo, desde el pop árabe hasta el vértigo del choubi y me atrevo a decir que el dabke que nos convida podría ser el equivalente a la misma energía que se respira del punk, solo que directo desde Siria.


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