Ságan: Un poco de mística cósmica a través del sonido

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Ságan: Un poco de mística cósmica a través del sonido

Bucólico. Estimulante. Casi un experimento de música ambient. Así podría considerarse la estética sonora de Ságan, un proyecto de Felipe Ortega Blanco, un músico de la Universidad de los Andes quien pertenece a la banda de folk Surcos. También está María Mónica Gutiérrez. Ella estudió música en la Universidad Javeriana y aunque no se ha graduado aún eso no le impide ser la cantante de la agrupación bogotana El Último Boabdil y ser parte de la propuesta de jazz Suricato.

Estos dos jóvenes decidieron unirse un día y construir su propia mitología a base de música electrónica afianzada hacia un halo de dream pop y trip hop en donde la interacción gradual de loops, diáfanos ecos vocales, ritmos digitales y etéreos que apenas se distinguen del silencio, constituyen un sonido vital, onírico, por un momento futurista. Algo que empata perfectamente con el nombre que lleva la propuesta.  Respecto a la genealogía de la misma vale la pena decir que este se desprende del apellido del astrónomo norteamericano Carl Sagan.

“Lo adoptamos porque su sonoridad nos gustaba, además en sueco significa ‘mito’, lo que nos pareció una bonita coincidencia”, agrega Mónica. “Asimismo a esta palabra le agregamos la tilde para que fuera evidente que nuestro trabajo es latinoamericano”, complementa Felipe, sentado en la sala de su casa, acompañado de un simpático beagle que a veces se filtra en el diálogo con unos cuantos ladridos.

Ságan 3

Fotografía: Nancy Siderola

Al hablar sobre los inicios del proyecto, Blanco explica que todo empezó con algunos tracks que tenía pensados para que solamente fueran instrumentales, “pero luego quería experimentar con otras cosas, así que mi idea fue introducir una voz a una de esas pistas. Así salió el single “Oceánico”. El resultado al final nos gustó tanto que decidimos aplicar el procedimiento a todos los tracks, lo que en realidad se transformó y tomó forma en el disco Cada Célula”.

Cuándo empezamos a hablar de las influencias sonoras de la banda, Felipe señala que le encanta una banda islandesa que se llama Múm. “Este grupo tiene la particularidad de hacer tracks electrónicos muy ambientales pero les dan un feeling demasiado orgánico que atrae. Creo yo, eso fue algo que logramos en nuestro álbum”. Por otra parte Monica destaca otros artistas cuya obra admiran bastante, entre ellos  Björk, The Acid y la propuesta de Thom Yorke, Atoms for Peace. “En términos de diferentes sonoridades y texturas me fascina el trabajo de Dntel que es uno de los integrantes de The Postal Service.”

Respecto al proceso de creación y producción de Cada Célula ella cuenta que Felipe tiene su propio estudio y que allí grabaron el álbum.  Todo el registro se dio bajo unas circunstancias muy particulares según ella. “A medida que íbamos componiendo, íbamos grabando. Claro, Felipe ya tenía adelantadas unas cuantas maquetas, pero nos interesaba generar voces, texturas, muchas más cosas. Al final creo que nos demoramos un mes produciendo todo esto”, dice Mónica, quién luego pasa a hablar de lo que identifica al dúo: la experimentación espontánea.

Todo se fue dando a la par de la cotidianidad. “Al principio no teníamos muy clara la estética sonora que íbamos a manejar, así que todo se fue construyendo a medida que se fueron componiendo cada una de las canciones. Todo el sonido se fue dando en el camino y tomó un rumbo muy claro: en nuestra producción siempre apuntamos al cosmos, a la introspección, a algo muy espiritual también. Eso sin dejar de mencionar que siempre quisimos adoptar el formato de canción, nos esforzamos en que cada capa sonora sea pulida, al igual que las voces”, recalca Monica.

Una muestra de ello es el poder de encantamiento y sofisticación de “Bidimensional”, o los fuertes beats sintéticos de la envolvente “Piedras”. Aunque  también está “Universal”, corte de ritmo minimal donde la voz no aparece tan procesada y destaca por su naturalidad. A esto le sigue una canción apacible y suavemente experimental que se disuelve en el oído como una pastilla para dormir: “Oceánico”, que a propósito estuvo hace un tiempo en el puesto número 3 del top 25 de Radiónica. Sin dejar de mencionar que el dúo tuvo la oprotunidad de interpretarla durante una de las famosas sesiones de KEXP.


Y es que además de explorar la veta electro-pop, Ságan surge como una propuesta en la cual el sonido y lo visual se complementan. En el clip de su primer sencillo se despliega la imagen que empieza a caracterizar este proyecto: un collage de formas y figuras perfectas como si se tratara de un guiño a la geometría cósmica. Por otra parte, en el arte de su larga duración, aparecen con una impronta más bucólica llena de paisajes con una carga onírica que parece inspirada en ficciones espaciales. “Un trabajo muy bello que estuvo a cargo de Nancy Siderola. Ella logró captar en imágenes nuestro sonido”, aclara Felipe.

Ságan

Arte: Nancy Siderola

Así pues no se trata solo de producir sonido, sino de crear formas para vivirlo y experimentarlo. De ahí que este proyecto colombiano se destaque también por su puesta en escena. Lo suyo es un show en vivo donde los visuales cobran protagonismo mientras cada canción corre sin interludios, esto gracias a links atmosféricos que permiten una línea continua, posibilitando así una experiencia sensorial mucho más alta para el público, probablemente una igual o mucho más grande de la que puede darse al momento de enfrentarse solamente a su disco, de ahí que valga la pena también escucharles en directo.

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