‘Hasta que te conocí’, una lección musical para la televisión nacional

Inicio / Opinión / ‘Hasta que te conocí’, una lección musical para la televisión nacional

‘Hasta que te conocí’, una lección musical para la televisión nacional

Como espectador promedio consumo novelas. Luego de trabajar todo el día, de vivir los episodios más absurdos en Transmilenio, qué mejor que sentarse a testear producciones criollas. Eso es lo único que le permite a uno olvidar, aunque también encantarse, descubrir otras cosas y estimularse. Recuerdo que al anunciar la proyección de Diomedes, el cacique de la junta, me emocioné. Imaginé por un instante que me iba a encontrar con una producción que desmitificaría al Sid Vicious criollo que veía en los tabloides. Pensé que por fin conocería cómo salió esa joya llamada “Caracoles”. Pero no. El mismo estado de decepción apareció luego de ver El Joe, la leyenda.

Sentí que a los productores de este país no les importaba construir relatos o crear nuevas narrativas. Aparentemente su interés era contar historias de la manera más elemental: reemplazando la creatividad por el espectáculo, es decir, aprovechándose de los altibajos de un artista para explotarlos hasta el cansancio. En estos casos, la música solo servía para ambientar diferentes escenas. Parecía que todos se esforzaban por filtrar estereotipos e introducir sentimientos aprendidos con el lenguaje del sensacionalismo. Claro, no niego que me gusta un poco de eso, pero hay que controlar las dosis y en lo que compete a producciones que abordan la vida de un músico, parece que no hay límite en eso.

¿Es posible hablar de una producción televisiva que no caricaturice al artista, en la que se retrate su vida y obra alternando con precisión tanto objetividad crítica como respetada admiración?, ¿será que es posible trazar el retrato profundo de un músico pop alejándose de los estereotipos y sin caer en el amarillismo rampante? No. Esa fue mi respuesta hasta que vi una producción basada en la vida de Alberto Aguilera Valadez (más conocido como Juan Gabriel) y que lleva por titulo Hasta Que Te Conocí.

Aunque no soy fan del artista reconozco que es uno de los tesoros musicales más grandes que ha dado México. En ese momento, lo último que sabía de él era que estaba fichando a Paul McCartney para un nuevo disco. Luego de eso me enteré que habían sacado una miniserie sobre su carrera, y que para eso, el mismo Juan Gabriel había estado sentado por horas frente a una cámara contando cada detalle de su vida.

Hasta que te conocí

Dolores Heredia, quien interpreta a Victoria Valadez, la madre del Juan Gabriel

El resultado: una destacable producción que se acerca fielmente a la trayectoria del músico que es caracterizado por 5 actores, entre los que se encuentra el colombiano Julián Román (quien encarna al Juan Gabriel que va de los 24 a 40 años) que logra ejecutar un buen papel sin caer en una caricatura. Más que una historia contada en orden cronológico hablamos de una obra audiovisual en la que se aborda la vida del artista desde distintas perspectivas. Por un lado se nos revela su faceta personal en la que se nos muestra su origen humilde, su lado humano: sus virtudes, sus miedos, sus inseguridades, los rechazos que sufrió por parte de su madre, pero también sus fortalezas. Aquí se desmitifica al músico popular. En vez de ahondar en su intimidad y ser sensacionalistas respecto a su orientación sexual, es notable un interés por exponer las sensibilidades de un ícono queer, en especial la que tiene para las artes, para la música.

Lo vemos crecer e interactuar con otros en plena era A Go Go, donde las pistas de baile eran copadas por amantes de Los Locos del Ritmo y The Beatles. Asimismo, somos testigos de los distintos procesos de creación que lleva a cabo Juan Gabriel. Vemos cómo se da su acercamiento a la música y cómo empieza a escribir en sus tardes solitarias. Descubrimos los espacios donde florecen sus composiciones y así empezamos a entender su naturaleza sonora, el por qué sus letras son tan sentidas. Comprendemos e identificamos una vez más el sentimiento de una ranchera, como la nobleza de una poderosa balada pop como “Amor Eterno”.


En Hasta que te conocí no sólo se reconstruye al músico, también se lo escucha. Aquí, como en la vida de Alberto Aguilera Valadez, la música es el motivo principal, aparece como una clara extensión de la existencia del artista, no como algo incidental. Y es que en cada episodio uno logra conectarse con algo de la tradición sonora mexicana e hispana. Fragmentos y guiños de canciones de Lola Beltrán, Agustín Lara, La Prieta LindaLucha VillaJosé Alfredo Jiménez desfilan por cada escena. La interpretación de “Cucurrucucú Paloma” es simplemente conmovedora al igual que la de “Hasta Que Te Conocí”, para esta última pieza, no cabe duda, se gastaron una versión impecable con el bandoneón (aunque así funciona con varios temas del cancionero popular mexicano que utilizan).

Por otro lado también se nos expone la faceta laboral del músico mexicano. Podemos conocer la relación que tenía con los artistas (Rocío Dúrcal y Lola Beltrán), los productores y los críticos. Presenciamos cómo se enfrenta a los trepidantes cambios del mercado musical, a los intereses y políticas hostiles de las discográficas. A través de él vemos el precio que se debe pagar para tener libertad creativa en un medio donde los músicos tienden a ser cosificados por la industria.


En Hasta que te conocí es notable el esfuerzo por contar una historia de manera diferente: jugando con los tiempos, con los ambientes e incluso la luz. No solo la fotografía y la utilería es prolija, también hay varios detalles narrativos interesantes como fragmentos de las letras de Juan Gabriel que se filtran en el guión siendo enunciados por los personajes en conversaciones cotidianas. Sin duda es un recurso ingenioso que nos permite entender la naturaleza poética del artista. Sin dejar de mencionar que los temas incidentales como las composiciones del El Divo de Juárez en la miniserie cobran protagonismo. Aquí se actualiza la discografía del músico, además, cada registro sonoro aparece de manera muy puntual, –con los personajes y las anécdotas que giraron alrededor–.

Es chévere ver una super-producción donde un showrunner como Alejandro Aimetta aprecia la música no como un adorno sino como una expresión del cantante, una manifestación artística que es consecuente con sus experiencias, su forma de pensar, de ver y asumir la vida.


Las opiniones aquí presentes reflejan exclusivamente los puntos de vista del autor y no compromete el pensamiento de Revista Metrónomo

FacebookTwitterGoogle+Pinterest
Entradas Recomendadas

Deja un Comentario

Ingresa tu búsqueda y presiona “Enter”

butch vigCaptura de pantalla 2016-07-12 a la(s) 9.59.45