Kraftwerk | Computerwelt

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Puntaje - 9

9

Nuestra Calificación

Resumen El funk de las máquinas, el catecismo pagano que anticipó una era electrónica, un material que en su momento dejó estupefactos a los jóvenes Juan Atkins y Kenny Larkin. Eso es 'Computerwelt' (1981) o 'Computer World' como se le conoce por su edición inglesa.

Con Kraftwerk Ralf Hütter y Florian Schneider terminarían de desdibujar la línea entre lo humano y lo cibernético, adoptando como un ethos una estética tan prolija y deshumanizada que parecerían autómatas salidos de los relatos de ciencia ficción de Isaac Asimov. Pero mientras el grupo estaba empezando a convertirse en un proyecto audible para toda una franja de la música popular, sobre todo en la nueva onda del synthpop, nadie imaginaba lo que llegaría después. Lo que se venía era una música en la que se registró una visión del futuro y la superioridad tecnológica. Sí, se trataba de Computerwelt (1981), el funk de las máquinas, el catecismo pagano que anticipó una era electrónica; es aquel material que en su momento dejó estupefactos a los jóvenes Juan Atkins y Kenny Larkin.

Se trata de un disco que lo anticipó todo, que fue y sigue siendo un cuento premonitorio de la aldea global, con historias anodinas, modernas, sobre los ordenadores, los ciborgs y la telecomunicación. Ya sobre las progresiones rítmicas de un sintetizador atonal, cadencias minimalistas y descomposiciones sintéticas salta a nuestros oídos una oda a la tecnología doméstica como “Pocket Calculator”. Aunque en “Computer Love” es donde se nos devela la estrofa emocionalmente más cruda que Kraftwerk emitiría en su carrera: “Otra noche solitaria / Miro a la pantalla del televisor / No sé qué hacer / Necesito una cita”.

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Claro, el repertorio de los orfebres del techno habitualmente es asociado al futurismo, pero de hecho, su trabajo toma muchos elementos del pasado. Por ejemplo, en “Kommetenmelodie” hay señas de algunos versos de Fausto de J.W. Goethe, en discos como The Man-Machine (1978) los alemanes exploraron tópicos de ciencia ficción de los años 20 y 30. Tenían como referentes a personajes como Fritz Lang, quien filmó una trama distópica urbana que se convirtió en una pieza fundamental en el cine expresionista alemán: Metrópolis (1927). Pero en Computerwelt (1981), Ralf Hütter y compañía, como entusiastas de la tecnología posan su mirada en el futuro, en el auge del ordenador personal y la alienación. Así continúan emprendiendo su disección de la compleja relación hombre-máquina y del consumidor conectado.

“El dinamismo de las máquinas, el alma de las máquinas, siempre han formado parte de nuestra música. La causa del éxtasis es siempre la repetición y todo el mundo busca el éxtasis en su vida, ya sea a través del sexo, la emoción, el placer, en las fiestas nocturnas, etc. En consecuencia, las máquinas proporcionan un éxtasis perfecto”, señaló Ralf Hütter en Kraftwerk, Le Mystère des Hommes-Machine.

Lavados en la estética industrial y secados en el campo del krautrock, la agrupación alemana nos entregó su visión electro-humanista y su imaginario del techno en Computerwelt (1981). Y si en su obra  Warhol apeló a la re-producción o replicación de la imagen, en este extracto del manifiesto futurista Kraftwerkiano sucedería algo similar, pero con el sonido. Aquí, la repetición rítmica se intensifica hasta que se vuelve hipnótica, es una suerte de cadencia robótica, un sonido de perfección mecánica gélida y punzante que, al final, es el groove de nuestro presente y futuro, y que trasciende a una colección de estribillos que hablan de nuestra vida contemporánea aunque fueron escritos entre 1980-1981. Así de avanzado es Kraftwerk.

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