Las Hermanas | Nadie Jamás ha Visto una Calavera Triste

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Las Hermanas | Nadie Jamás ha Visto una Calavera Triste

Las Hermanas | Nadie Jamás ha Visto una Calavera Triste

Puntaje - 8.5

8.5

Nuestra Calificación

Resumen 'Nadie Jamás ha Visto una Calavera Triste' (2016) no se adapta a las exigencias de la tendencia musical, en cambio deja en evidencia la necesidad de su autor por ir al pasado y encontrar una mística electrónica propia, esto claro, haciendo caso omiso de los dictados del momento y los estándares comerciales que a veces suelen filtrarse en el panorama electrónico alternativo.

En el 2000 la agrupación australiana The Avalanches, nos daba un disco de culto. Fue Since I Left You (2000) y no era una simple una reunión de muestras sonoras (3500 samples producto de múltiples juegos con diferentes vinilos), sino un álbum conceptual que nos anunció el gran poder que el sampleo y la mezcla tendrían en la música del milenio. Desde ritmos derivados del jazz, el dance, el funk, el tropicalismo, hasta breakbeats electro, registros de defectos de sonido quedaron combinados allí de forma tan ingeniosa que al final dieron lugar a una reminiscencia electrónica, un material que llegó a ser una abertura caótica donde nada fue seguro, pero donde toda clase de mutación sonora fue posible.

Y parece que  Nadie Jamás ha visto una Calavera Triste (2016) sigue por el mismo derrotero. Es un disco inclasificable y único. Una vez expuesto a nuestros oídos, el álbum genera una experiencia nostálgica, en la que parece estamos visitando a un viejo familiar que guarda rasgos del pasado pero ha cambiado con el tiempo. A diferencia de las pulsiones musicales salvajes que imperan en la electrónica actual, aquí tenemos progresiones sintéticas de un corte más ralentizado y etéreo, donde fragmentos melódicos van superponiéndose unos a otros continuamente, y se pueden apreciar muchas más texturas y matices. Es una suerte de poesía ambient que se nos presenta como un mosaico sonoro, con un lenguaje propio a base de ritmo: este se escucha en la oscuridad o se baila lentamente. Aquí se nos muestra una rebelión estética que no busca enloquecer los sentidos sino producir un deseo de trance en los mismos.

Y la repetición juega un papel importante. Por ejemplo, nos encontramos con “Sólo Britney Spears no es DIY”, un track de carácter progresivo, en el que una misma melodía va variando poco a poco sobre pequeños detalles, entre esos la suave sinfonía de un piano que se expande y se contrae, es unido y triturado pero respetando las formas rítmicas de base que le acompañan.

Diego Cuellar, el personaje detrás de Las Hermanas, ejecuta sampleos y reverberaciones milimétricas hasta materializar el arte de la repetición en variaciones sintéticas que seducen al cerebro y lo dejan en la cima de un suave éxtasis. En el caso de “Subsidio del desempleo”, se estampa un paisaje sonoro de las angustias urbanas. Aquí nos encontramos con una manipulación en las velocidades del sonido. Algunos ritmos corren más rápido y otros más lento, estos son yuxtapuestos, y al final tenemos una música densa, muy sobria y experimental, cuyos efectos sonoros parecen que fueran el ritmo de objetos mecánicos en fricción.

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Diego Cuellar

También está la profunda y enigmática “Mercado de la nostalgia”. La pieza parece ejecutada a partir de la profundidad, la superposición y la progresión de capas sintéticas más que sobre un trabajo de construcción de ritmos.  Cuellar es ingenioso, su manera de articular pulsaciones sónicas es singular, él sabe jugar trucos dadaístas pero con la música: desempolva viejos sonidos, hace uso del vinyl fuzz y otros efectos lofi (voces pregrabadas, registros de audio caseros), empieza a mezclar, a superponer, a experimentar y explora nuevas posibilidades expresivas produciendo diferentes matices. El resultado es esta reliquia sedante de aire melancólico, una pista que es capaz de perpetuar un ambiente apacible y sereno.

Mientras en “Ufología” se cuelan frecuencias de 8 bits, “Hipócrita aprobación comprensiva”, parece consolidarse como la balada caleidoscópica del disco. Aquí también hay melodías cautivadoras y ritmos hechizantes pero estos componen una atmósfera lisérgica que, como si estuviésemos escuchando al revés, un viejo vinilo de clásicas ragas indúes.

Nadie Jamás ha Visto una Calavera Triste (2016) no se adapta a las exigencias de la tendencia musical, en cambio deja en evidencia la necesidad de su autor por ir al pasado y encontrar una mística electrónica propia, esto claro, haciendo caso omiso de los dictados del momento y los estándares comerciales que a veces suelen filtrarse en el panorama electrónico alternativo. Es un material que vale la pena escuchar. A veces es bueno enfrentarse a un material donde el productor se ve más decidido a crear una textura y sugerir en lugar de epatar sonidos. Esta es la razón perfecta para eso.

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