Los Pirañas | La Diversión Que Hacía Falta en mi País

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Los Pirañas | La Diversión Que Hacía Falta en mi País

Puntaje8

8

Nuestra Calificación

Resumen Con este material cuestionan ese muro del movimiento roquero antitropicalista y las nociones tradicionales de producir música.

De las amazonias de Los Mirlos, Juaneco y su Combo, Los Wemblers de Iquitos, podemos llegar a las elevaciones de la cumbia de Andrés Landero o las inolvidables melodías de Calixto Ochoa y los Corraleros del Majagual, pero no sin antes pasar por las profundidades rítmicas de Adolfo Pacheco, Abelardo Carbonó y luego saltarnos un montón de próceres musicales para volver a este presente y preguntarnos: ¿ahora qué?, ¿será que en este momento cualquier nueva variante sonora podría emerger, tan sospechosamente como se quiera, de lo castizo y popular?

Pues bien, Los Pirañas se han dado el lujo de presentar un álbum en el que siguen demostrando abiertamente que han decidido no casarse con un solo género musical y por el contrario han optado por cometer adulterio con varios: desde la marcada percusión del afrobeat, la chicha peruana, la raspa, la champeta criolla, algunos sonidos africanos y por supuesto la madre cumbia en sus diferentes vertientes [sabanera, sonidera, rebajada, digital y de la periferia].

El resultado llega a ser una cadenciosa mutación que la chusma o los puristas –en su reacción a lo desconocido– podrían calificar de bastarda, pero que en realidad se erige como una vanguardia tropical en potencia. Tal vez, emerge de la pura necesidad por explotar el folclor, dejándolo ácido, apto para el consumo humano o extraterrestre, con tintes electrónicos que desembocan en el noise, lo ruidista y disonante, siendo una verdadera sofisticación estética de experimentación sonora.

Ya al enfrentarnos al primer track Delincuencia Precoz” sabemos de ante mano que lo que sigue es un sonido que para algunos podrá ser poco ‘adecentado’. Sí, tal vez sea inusual para los oídos de los bien pensantes y vueltos aprovechables por el show bussiness. No se niega que Eblis Alvarez (guitarra, computador), Mario Galeano (bajo eléctrico) y Pedro Ojeda (batería, timbales y percusión) son peritos en la producción de un ritmo bestial de sorpresa lisérgica que estremece al oyente y lo saca de su lugar de confort, tal como sucede en “Las Olfateadoras” donde las líneas de bajo de Galeano son sencillas pero contundentes.

un camino sónico tan extraño que nos eleva a lo más alto del placer y la rareza auditiva.

Incluso “Guabina Aguachiquera” –tan embriagadora como cambiante– es igual de divertida y directa, como un pastel embarrado en la cara. En esta se revelan diversas crudezas sonoras que tienden a resaltar el primitivismo y atavismo en un paranoico tropical noise extasiado de earworms, esas melodías repetitivas que se quedan incrustadas en el cerebro y siguen sonando aún cuando la canción ya ha terminado.

Ya “Del sol, a 18 minutos”, versión libre de la canción “A 18 minutos del Sol” del ‘Flaco’ Spinetta, llega a ser una exploración constante de variaciones sobre el mismo patrón sonoro, a veces muy festivo, por momentos dramático. Por otra parte, la guachafita sónica del “Sir del Gusano” se alza como un himno rimbombante de monotonías sintéticas mientras que el terrorismo musical llega en “Mis Animalitos: Homenaje a los Mayas”, en donde raya un sonido bifurcado y discordante que desafía el sentido de la armonía siendo una manifestación abierta del caos y en donde transcurre una hiperactiva aceleración y desaceleración del ritmo.

Pero la inducción al trance es con “El Colibrí Bajo Perfil” donde se factura el mejor trip, catapultándose como un tema casi fantasmal, o mejor, como un folk de pueblo queriendo ser una melodía estridente de actitud punk.

La Diversión que hacía Falta en mi País se trata por tanto de un repertorio volado en el que se percibe la similar curiosidad de sus artífices por los híbridos musicales como por las posibilidades de la experimentación con la manipulación digital. Claro, esto sin caer en las lógicas de la world music al plantear un encuentro con el arraigo profundo de los viejos sonidos de los pueblos colombianos y de sus quejas históricas en una anarquía sonora.

Una vez más, Los Pirañas nadan contra la corriente. Con este material cuestionan ese muro del movimiento roquero antitropicalista y las nociones tradicionales de producir música. Con este nos llevan un caos hermoso lleno de impulsos, hacia un camino sónico tan extraño que nos eleva a lo más alto del placer y la rareza auditiva.

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