Los Planetas | Una Semana en el Motor de un Autobús

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Los Planetas | Una Semana en el Motor de un Autobús

Una Semana en el Motor de un Autobús

Puntaje - 9

9

Nuestra Calificación

Resumen Este es de esos discos para escuchar una y otra vez, para descubrir nuevos detalles, para interpretar más allá de lo obvio.

Si me tomara la tarea de mencionar las grandes injusticias del mercado musical, sin duda una de las principales sería la del casi completo desconocimiento de esta banda en nuestro país.

No exagero. Los Planetas son gigantes en España —este año (2013) fueron una de las principales atracciones del festival Primavera Sound— y de hecho frecuentemente este trabajo es incluido en los listados de lo mejor de la historia del rock y pop en lengua castellana. Sin embargo, aparentemente, para el momento en que empezaron a publicar discos, Latinoamérica, y especialmente Colombia, ya tenía suficiente con el séquito de bandas españolas que venían trabajando desde los ochenta, y no había espacio para una nueva agrupación, muy influenciada por el más puro indie rock norteamericano de bandas como Mercury Rev, Galaxy 500 o The Flaming Lips.

El tiempo pasó y la discografía de Los Planetas fue sistemáticamente ignorada por nuestras estaciones de radio y programas musicales de televisión —aún los más vanguardistas, si es que tal expresión cabe en nuestra industria—. Crecimos creyendo que conocíamos todo el rock en español que teníamos que conocer: el impuesto por la señal de MTV y los compilados de Rock en tu Idioma. Esto fue positivo en la medida en que la escena del rock latino se desarrolló con una identidad fuerte. Bandas como Café Tacvba, Molotov o Aterciopelados no tenían equivalencias anglosajonas obvias y eso era muestra de autenticidad. Sin embargo, el que bandas hispanas como Los Planetas carecieran de difusión generó una brecha, una desconexión entre el oyente de esta parte del mundo y lo que estaba pasando en los circuitos alternativos de Europa y Estados Unidos.

Ha sido de unos pocos años para acá, gracias al crecimiento de Internet y cierta revalorización de las músicas no convencionales, que nos hemos hecho conscientes de una jugosa escena indie-pop española, decididamente influenciada por Los Planetas.

No obstante, los méritos de la mejor banda en español de todos los tiempos —en mi opinión— siguen tan ocultos para el gran público colombiano que mientras Los Toreros Muertos convocaron a una multitud apoteósica para su presentación en Rock al Parque, sé que si Los Planetas, poseedores de una trayectoria mucho más relevante, tocaran en este festival, no atraerían a más de un millar de personas.

Este es de esos discos para escuchar una y otra vez, para descubrir nuevos detalles, para interpretar más allá de lo obvio, para ver reflejados pasajes de nuestra vida en los escenarios melancólicos que el quintento granadino tan bien supo construir.

Pero vamos al grano. ¿Qué es lo que hace tan especial a este disco? Tan especial que hasta se escribió un libro sobre él. Podría resumirse en que es el perfecto equilibrio entre una producción que es de fácil escucha y al mismo tiempo es artísticamente desafiante. En que es tan cohesionado como variado. Podría enfocarme en alguna de las dos facetas del disco, lo instrumental o lo lírico, y con cualquiera podría extenderme indefinidamente, pero por aquello de querer señalar la importancia de este disco como uno de los mejores en idioma español, me sesgaré en cierta medida hacia la segunda.

Una de las grandes mofas que se suele hacer a Los Planetas, en donde se les conoce, es que es difícil entender sus letras. Incluso hay una página en Facebook titulada «Los Planetas deberían tocar más bajo o cantar más alto». Esto se debe, claro, a las fuertes influencias shoegaze presentes en su propuesta. La inteligibilidad del mensaje no es siempre una de sus preocupaciones primordiales, o al menos no tanto como parece serlo la creación de atmósferas.

Pero las letras de Una Semana en el Motor de un Autobús son claras y claves. Tienen el potencial para convertirlo en el álbum de despecho perfecto para toda una generación; al menos para una generación dispuesta a ambientar sus dramas emocionales de forma inteligente y reflexiva, casi filosófica.

Y no es que se trate de textos complicados o excesivamente pretenciosos. Jota, quien estudió sociología, tiene una gran sensibilidad y una gran capacidad para jugar bellamente con palabras simples. Demuestra ingenio sin querer deslumbrar al oyente:

Si nunca quise ser el único a tu lado,
si tuve miedo fue por que acabara así,
y todo el tiempo que he desperdiciado
se vuelve de nuevo contra mí

Desde el inicio con “Segundo Premio”, se nos plantea una historia de desamor. La instrumentación logra acoplar tintes orquestales con guitarras ruidosas, y esa es una marca del disco. Todas las piezas fluyen entre figuras etéreas y nostálgicas, pero contienen en mayor o menor medida el ímpetu de una banda con corazón punk-rockero. Muestra clara de lo segundo es la salvaje “Desaparecer”, que se enlaza con el feedback del final del primer corte. En ella, la instrumentación recrea a la perfección el tormento propio de un relato desgarrador.

Esta vez nadie te va a preguntar
porque no aguantaría una mentira más.
Y si piensas volver
Si lo has pensado alguna vez
puede que entonces yo no esté

Enseguida, “La Playa” recuerda algún momento de la relación en que todo empezó a salir mal, y con mucha elegancia describe la típica situación de estar muriendo de celos:

Y me fui hasta la playa 
para ver lo que pasaba
y te estuve persiguiendo
comprobando si era cierto
lo que todos me decian sobre ti

“Parte de lo que Me Debes” es una composición in crescendo que hace énfasis en la frustración y en la que Jota exhibe una gran fuerza interpretativa:

A veces pienso en lo estúpido que fui,
las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí

Los episodios narrados en el disco no se suceden cronológicamente, aunque todo parece estar conectado. De hecho, en un ejercicio obsesivo podría antojárseme organizar las canciones como episodios de una forma en que reconstruyan la narración. No sé si tal cosa está implícita ni si le quitaría o añadiría grandeza. Finalmente, como un collage de escenarios de amor y desamor funciona muy bien. Hay ejemplos de ruptura dentro de este gran concepto. “Un Mundo de Gente Incompleta”, justo en la mitad del álbum, es una canción relativamente optimista en donde se cambia el sentido de la historia y ya no se habla tanto de una relación echada a perder, sino de una en la que hay problemas de entendimiento, pero al mismo tiempo mucho potencial. Después encontramos “Ciencia Ficción”, una de las piezas rápidas, que o no tiene nada que ver con temas románticos o los aborda de una manera muy metafórica.

“Montañas de Basura” contiene una sección rítmica más animada de lo habitual y deja aflorar nuevamente los miedos del protagonista de esta turbulenta historia, mientras se hace grande con tintes espaciales:

¿Qué va a pasar si me entrego y no funciona?
¿Qué va a pasar si me tiro al barro ahora y sale mal?

Los Planetas punketos vuelven a atacar con “Cumpleaños Total”; directa, sugerente y, nuevamente, muy espacial. Impresiona cómo son capaces de crear composiciones garajeras que al mismo tiempo pueden ser hipnóticas. “Laboratorio Mágico” abre con un riff vibrante y profundo mientras la otra guitarra va dibujando surcos cósmicos. Y allí está la grave voz de Jota, emotiva y tranquilizadora:

Lo intento por quinta vez y me parece sagrado,
y mientras lo intento veo cómo te vas evaporando

“Toxicosmos” es básicamente una canción post-rock vocalizada —con sus timbres, progresiones armónicas y estallidos catárticos—. Lo cual es ejemplar, si consideramos que para 1998 el post-rock era un género mucho más underground de lo que es ahora. En su recta final, el disco se guarda tremendas joyas. “Línea 1” es mínima pero innegablemente poderosa.

Iba a hacerlo esta mañana.
Levantarme de la cama.
Comprar algo de comida.
Empezar con otra vida.
Pensé que sería lo mejor,
toda esta mierda se acabó

Esta banda sabe transmitir ese estado de absurda miserableza que muchos hemos vivido. Esa necesidad de apartarse completamente del mundo por causa del dolor. Y la última canción es sin duda una consagración. “La Copa de Europa” es verdaderamente concluyente:

Ahora pienso que no merece la pena,
arriesgarme traerá más problemas.
Así que elijo lo que tengo más cerca.
Por lo menos tendré la certeza
de que existo,
de que puedo decidir,
de que elijo por mí,
solo por mí.

Este es de esos discos para escuchar una y otra vez, para descubrir nuevos detalles, para interpretar más allá de lo obvio, para ver reflejados pasajes de nuestra vida en los escenarios melancólicos que el quintento granadino tan bien supo construir. Quince años después Los Planetas han sabido hacerle justicia al mito que forjaron, con varias producciones al nivel de Una Semana en el Motor de un Autobús y expandiendo su paleta sonora, pero todo sería muy diferente, para ellos y para los artistas que se alimentaron de su legado, sin este grandioso disco.


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