Los ruidos hermosos del país y el continente

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Los ruidos hermosos del país y el continente

Para aquellos que amamos la música un concierto es el acto en el que nuestras pasiones se alimentan y florecen. Las guitarras en los amplificadores y los golpes de bombo se meten en nuestros cuerpos para producir emociones o rechazos, materializándose en nosotros sentimientos que sólo los sonidos ejecutados en tiempo real pueden generar.

No hay como ir a ver tocar a la banda con la que uno vibra día tras día y noche tras noche en interminables trancones, en paseos en bicicleta o en la soledad de una habitación oscura mientras se espera el sueño. El ir a un concierto de una agrupación de la que uno se considera fanático produce algo indescriptible, es el suceso máximo que, sin exagerar, a muchos nos da alientos para mantenernos vivos.

Pero yendo más allá el encontrarse con una agrupación nueva, de la que seguramente se tienen pocos conocimientos, alimenta la sorpresa y la capacidad de asombro. No solamente saca nuestros oídos de la rutina sonora que nosotros mismos proponemos, sino que nos enfrenta a propuestas algunas veces transgresoras y otras repetitivas (no importa), haciéndonos parte activa de un proceso artístico en el que como receptores nos convertimos en elemento fundamental. (Lee aquí: Nuestro deber con la escena musical)

alimentemos nuestra curiosidad y afiancemos nuestro propio criterio

El Festival Hermoso Ruido se ha propuesto servir de vitrina de los proyectos emergentes en el país y en el continente, dándole un espacio importante a aquellas joyas por descubrir que tienen la posibilidad de mostrarse ante una audiencia nueva, de pisar importantes tarimas y de darse a conocer ante medios de comunicación y promotores que llegan con la voracidad de saber qué pasa en los escenarios más subterráneos. Su circuito, que además convierte a ciertos sectores de la ciudad en epicentros de alternativas musicales variadas, nos pone en frente de la creatividad, la evolución y el crecimiento de aquellas bandas que empiezan a marcar el presente y de esa forma a construir el futuro de una industria musical alternativa en crecimiento.

Y porque la escena musical de éste y de ningún país se construye ni se arregla desde los computadores ni redes sociales, la invitación es a que nos permitamos abrir la mente a las nuevas bandas, a esas propuestas emergentes que con trabajo constante se han ganado un espacio en cada uno de los festivales alternativos y que casi más que algunas otras consagradas, muestran más hambre, deseo y ganas. A que aprovechemos las oportunidades que dan los espacios y que vayamos a conocer. No por desconocer los nombres de un cartel hay que asumir que los eventos son de baja calidad o que los grupos que ahí aparecen no merecen atención, dejemos nuestra mentalidad de tercer mundo de pensar que la música buena es la que otros nos dicen que es buena, alimentemos nuestra curiosidad y afiancemos nuestro propio criterio.

A partir del jueves 28 hasta el domingo 31 de agosto Bogotá acogerá a más de 40 proyectos que se tomarán 12 lugares con propuestas musicales para todos los gustos. Así es, hay de todo para todos. No hay excusa, son los ruidos más hermosos del país y del continente puestos en bandeja para nosotros. Ya lo dije en alguna oportunidad, los promotores, organizadores, grupos y lugares han ido cumpliendo. ¿Usted como público les responde? Si sí de seguro ya tiene programada su semana Hermoso Ruido, si no, esta segunda edición del festival es la oportunidad.

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