Radiohead | A Moon Shaped Pool

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Radiohead | A Moon Shaped Pool

Radiohead | A Moon Shaped Pool

Puntaje - 8.5

8.5

Nuestra Calificación

Resumen Si el orden alfabético del disco es azaroso o no, ya no importa. Si es una forma última de mostrarnos su agotamiento como banda, lo hacen de manera majestuosa.

Más allá de las conjeturas que A Moon Shaped Pool (2016) ha suscitado, lo que sí parece evidenciarse en los 11 cortes del último disco de Radiohead es una especie de despedida: un cierre de ciclos, de baladas incompletas, de reactualizaciones de canciones a medio hacer: en últimas, un ajuste de cuentas con ellos mismos.

Y tal vez el video de “Daydreaming”, el segundo sencillo del trabajo discográfico, es muy diciente al respecto. En éste, vemos a un Thom Yorke deambulando por entornos desconectados, por lugares comunes, buscando con frenesí –tal vez– un refugio. Sin embargo, lo más llamativo del video no es la forma surreal en la que el vocalista de Radiohead pasa de un hospital a un parqueadero y después a una lavandería (al principio, de hecho, él está por entrar a una puerta y hay otros siguiéndole; tal vez esos somos todos nosotros, que seguimos perdidos en la búsqueda de “eso”). Pero la de Yorke no es una mera búsqueda, ni una deambulación irresuelta: en el mismo momento de total extravío, la ternura y el éxtasis melancólico están varias veces presentes; roces de felicidad parecido al que sentimos cuando la tristeza deja escapar una sonrisa en un día soleado y despejado.

Así es la búsqueda de A Moon Shaped Pool: un extravío total, de momentos conmovedores, lentos y frenéticos por igual, desconectados y conectados sin un orden específico. Tal es la ambigüedad que el primer tema del disco, “Burn The Witch” maneja una tono claramente irónico de cómo las sociedades alrededor del globo, en pleno siglo XXI, siguen elaborando una definición arbitraria tanto de la civilización como de la barbarie. Y si bien, puede remitir al peligro que significa para el mundo hoy Donald Trump (como supuestamente denunciaron en Hail to the Thief  (2003) la amenaza de George W. Bush), lo cierto es que en muchas sociedades del “primer mundo” –supuesto epicentro de nuestra civilización–, la idea de sacrificar, expulsar o incluso asesinar al extraño ha tenido un auge inusitado en los últimos lustros: el “Cheer at the gallows” de la canción lo dice todo.


“Burn The Witch”, en efecto, marca una pauta presente en todo el disco: la intervención de arreglos de cuerdas claramente fraguados en la cabeza de Jonny Greenwood, interpretados por la London Contemporary Orchestra. Claramente, no es la primera vez que Radiohead usa cuerdas “clásicas” en sus discos, pero en A Moon Shaped Pool (2016)  la presencia de dichos arreglos es brutal. Por ejemplo, la devastadora “Glass Eyes” –tal vez una de las mejores baladas de Yorke a la fecha, la cual termina con un insoportable “I feel this love turn cold”– es un canción en la que el diálogo dramático entre el piano, los violines, los violoncelos, envuelven la voz de Yorke, creando una gélida atmósfera que remite al arrepentimiento, al sinsentido de eso que llaman amor.


Sin duda, de las conjeturas más presentes en las distintas interpretaciones del disco, está la supuesta presencia de la ruptura entre Yorke y su esposa después de una relación de 23 años, a mediados de 2015. Dichas suposiciones pueden ser fácilmente rebatidas si se tiene en cuenta que más de la mitad del disco contiene canciones que venían siendo trabajadas desde 2012 o incluso antes. Más allá de esto, es incuestionable que las relaciones amorosas han sido una constante en la música de Radiohead (desde “Creep” hasta “Lotus Flower”): este no es un elemento ausente en A Moon…. No obstante, muchas de las referencias al amor en este disco llevan a pensarlo más en su lado más decadente, como las ruinas de un gran edificio que deja un fuerte terremoto.

Siguiendo esta metáfora, “Ful Stop” representaría el cataclismo inicial. Musicalmente, el caos de de guitarras distorsionadas y en delay es un telón de fondo, casi lejano, en el que Yorke –acompañado con percusión y coros− repite líneas como “You really messed up everything” o la dolorosa –pero no menos cierta– “Truth will mess you up”. En este mismo sentido, pero mucho más colorida, encontramos “Decks Dark”, tercer corte del disco. Con una atmósfera que evoca al Amnesiac (2001) –piano, arreglos de cuerdas, acordes de guitarra y percusión nítidos–, Yorke pregunta nostálgicamente “You had enough of me?”. Y también en la caricaturesca “Present Tense”, con un estilo que colinda con el Bossa Nova, las distintas texturas de la voz del vocalista de Radiohead hacen un llamado a la levedad (“Keep it light”), como pidiendo una tregua que no logra concretarse, fracaso que termina con el desesperado “In you I’m lost”.

Es así. Diferentes elementos son abarcados por todos los cortes de A Moon Shaped Pool (2016). Pero hablemos de los dos highlights del disco. Primero, “Idetikit”. Cuando Yorke repite “When I see you messing me around, I don’t want to know”, está secundado por el sonido más ‘Radiohead’ posible: batería simple, una línea de bajo precisa y a los que se les suma acordes fuertes de guitarra. Con un ‘giro narrativo’ en el suplicante “Broken hearts, make it rain!”, esta canción dialoga consigo misma pero in crescendo, mejorándose sin dejar a un lado su simpleza; ésta es, sin duda, una composición insoslayable en la obra de la banda (y la única que tiene un “solo” de guitarra de Jonny Greenwood en el disco, por cierto).

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Y segundo: “True Love Waits”, tema con el que cierra el disco. No caben dudas que para muchos de los que habíamos escuchado –desde hace ya muchos años– la versión en vivo, esta nueva interpretación no nos encantó instantáneamente. Pero escuchando el disco varias veces, esta versión actualizada, de sólo piano –y con balbuceos casi mecánicos de fondo–, es tal vez la mejor canción de amor que Radiohead ha hecho en toda su historia (sí, mucho mejor que la trillada pero no por eso menos valiosa “Creep”). Es desgarradora por donde se le escuche: no sólo toca la fibra más patética de nosotros con el piano, sino que la voz de Yorke es aún más devastadora cuando canta “I’ll drown my beliefs/ To have your babies” y cuando remata con “I’m not living, I’m just killing time”.

Sí, el disco cierra con un repetido “Don’t leave”. Pero es un grito más de impotencia que de suplica. Poniéndolo en sintonía con un gran poema de Jorge Gaitán Durán, hay momentos en los que no queda más que aceptar que todo es finito, que el fin es inevitable: “Todo se va de mí, se fuga de mi vida”. Yorke nos hace saber que no sólo el amor es el centro del último disco de Radiohead: la soledad, la finitud, el mejor cierre posible de los ciclos y el adiós son los espectros de acechan todo A Moon Shaped Pool (2016).

Y de ser así, que todo se acaba, y que Radiohead no volvería a sacar otro disco nunca más, este trabajo discográfico es la mejor despedida que la banda nos puede dar. Si el orden alfabético del disco es azaroso o no, ya no importa. Si es una forma última de mostrarnos su agotamiento como banda, lo hacen de manera majestuosa. Tal vez tenía razón Neil Young –cuya frase puso también en su carta de despedida Kurt Cobain– al decir: “It’s better to burn out than to fade away”. Sí, tal vez es mejor quemar todo los cartuchos que repetirse, que desvanecerse en el tedio.

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