Deafheaven | Sunbather

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Deafheaven | Sunbather

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puntaje9.5

9.5

Nuestra Calificación

Resumen El hecho de que este disco haya logrado tan buena recepción por parte del público ajeno al metal confirma que hay méritos universales en su propuesta, como su naturaleza impredecible y la maestría con la que controla los tiempos y conduce las emociones del oyente

Cuando en plena época universitaria decidí alejarme de una escena metalera que consideraba demasiado restrictiva, que no sentía como el lugar para mí, me refugié en la naturaleza más introspectiva y menos militante de géneros como el post-rock y el shoegaze. Lo cómico es que no me imaginaba que ese camino, en un punto, me devolvería al metal y me ayudaría a entenderlo mejor.

El proceso fue paulatino, no porque las conexiones no existieran desde hacía rato, sino que porque llevaba tiempo descubrirlas, no sólo para mí, sino también para la escena global del rock; en la que el eclecticismo no siempre fue tan fácilmente asimilado.

Lee aquíDeafheaven: desmitificando los fundamentos del Black Metal

Por tanto, lo que nos trajo Deafheaven en 2013 con su segunda placa, más que una novedad, fue la confirmación y consolidación de un fenómeno de “hibridación” de estilos al que habíamos empezado a abrir los oídos unos pocos años atrás; sólo que esta vez presentado de una de las formas más seductoras y emocionantes posibles, aunque para nada exenta de polémica.

Desde su portada minimalista, Sunbather es una fantasía; un disco que, también en lo visual, llevó la apertura del black metal a un extremo insospechado. La banda formada en San Francisco ya había hecho una muy buena aproximación con su disco debut, Roads to Judah (2011), pero faltaba madurez para que su sonido llegara a ser verdaderamente sobresaliente.

Sunbather, por su parte, es un disco minuciosamente trabajado, estructurado pensando en cómo acrecentar su dramatismo y sentido de trascendencia. Está compuesto por cuatro cañonazos épicos —los tracks 1, 3, 5 y 7— alternados con cortes reflexivos.

En cuando a los temas principales, todos se caracterizan por su dinamismo, por la manera en que enlazan momentos sutiles con explosiones sonoras, al igual que se mueven entre la luz y la oscuridad con naturalidad. Saben cómo destruir el mundo y volverlo a creer en cuestión de segundos.

Sin embargo, no hay una fórmula en el desarrollo de estas extensas composiciones. A pesar de partir de una propuesta bien definida, cada una se vale de sus propios recursos para cautivar el oyente y hacerse memorable por sí misma.

Más que lucir legítimos ante determinada escena o movimiento, lo que primó para ellos en este disco fue ser legítimos ante ellos mismos…

En “Dream House”, la pieza de arranque, la participación vocal de George Clark es un poco más discreta de lo que será más adelante, pero sus atormentados graznidos logran introducirnos ese espíritu de angustia y frustración que surca la producción (su “aching prose”). Con o sin intención, este inicio sirve para no enfrentar tan de lleno con un estilo vocal poco accesible a quienes llegaron a Sunbather con la promesa de un disco de “indie rock”. Si es el caso, la energía y emotividad que desbordan las guitarras serán suficientes para invitarlos a quedarse.

El segundo corte, el intimista instrumental “Irresistible”, está enlazado a los últimos arpegios de “Dream House”, a la que sirve como un tranquilizador y esperanzador outro, con piano incluido y tonalidades casi infantiles.

Al pasar a la canción homónima, nos encontramos la gutural de Clark taladrándonos desde el inicio, ilustrándonos más el drama de haber crecido con severas limitaciones económicas: “held my breath and drove through a maze of wealthy homes. I watched how green the trees were”. Como hemos sabido a través de entrevistas recientes, la vida no fue nada sencilla para los dos miembros fundadores de la banda, Clark y el guitarrista Kerry McCoy, por lo que la idea que muchos se hicieron de ellos como americanos privilegiados haciendo black metal por capricho es una imagen bastante alejada de la realidad. El dolor que mueve al álbum es auténtico.

Sunbather” —la canción— permite sentir al máximo el poder de Daniel Tracy en la batería, con sus blast beats apocalípticos. Justo en el momento de mayor intensidad, el tema nos regala un descenso fabuloso para que encontremos paz en los finísimos delays de la guitarra de McCoy. La narrativa del álbum nunca deja al oyente sin la posibilidad de respirar.

El siguiente interludio, “Please Remember”, es el momento más experimental del disco. Abre con un fragmento del libro La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera en voz de Neige, líder de Alcest, banda francesa muy influyente en el sonido de Deafheaven, para después convertirse en una inquietante saturación de ruido y evolucionar hasta un melancólico pasaje instrumental que recuerda un poco al “Dead Flag Blues” de Godspeed You! Black Emperor.

El hecho de que este disco haya logrado tan buena recepción por parte del público ajeno al metal confirma que hay méritos universales en su propuesta, como su naturaleza impredecible y la maestría con la que controla los tiempos y conduce las emociones del oyente.

A continuación nos encontramos con la oscuridad perturbadora de los primeros acordes de “Vertigo”, que a partir del minuto tres se transforma en una fuerza demoledora e imparable con la cual es imposible resistirse al headbanging. Podríamos decir que esta es la canción más genuinamente metalera del álbum al ofrecer los punteos de guitarra más notables y por la solemnidad de sus letras: “Focusing on light through the blinds. A slave to reality under a monarch in the sky. Lost in the patterns of youth where the windows shine brightly back at you”. De cualquier manera, dentro de sus 14 minutos ofrece algunos momentos reflexivos y nunca permite que la agresividad de la ejecución la aleje de la esencia melódica de la producción.

El último interludio, “Windows”, es bastante hermético y ofrece menos variación que los anteriores, pero transmite lo necesario para mantener al oyente envuelto en la atmósfera.

Finalmente, “The Pecan Tree” es un cierre por todo lo alto. Rapidísima y muy “blackera” en su primer tramo, para después dejarse llevar, con las seductoras notas en delay de McCoy y el certero bajo de Stephen Clark, hacia terrenos como los de Explosions in the Sky y, por esa vía, ir in-crescendo hacia un largo clímax digno del final de una obra maestra; con riffs de guitarra que parecen expandirse hasta el infinito. No menos impactantes son las últimas líneas que nos entrega la voz quebrada de George Clark: “I am my father’s son. I am no one. I cannot love. It’s in my blood”.

La hora casi exacta que dura Sunbather se siente completamente aprovechada y no deja sensación alguna de redundancia, lo cual siempre es un logro para este tipo de música y para la música moderna en general.

El hecho de que este disco haya logrado tan buena recepción por parte del público ajeno al metal confirma que hay méritos universales en su propuesta, como su naturaleza impredecible y la maestría con la que controla los tiempos y conduce las emociones del oyente.

Se podrá seguir debatiendo por algún tiempo cuál es el género más acorde para encasillar a Sunbather, pero lo más importante es que es una producción clave para entender los rumbos que transita la música pesada en la actualidad. Su eclecticismo no parte de la pretenciosidad, sino de las experiencias de unos chicos que debieron aferrarse a la música anti-establecimiento, en sus variadas formas, como aliciente para sobrevivir en un entorno difícil. Más que lucir legítimos ante determinada escena o movimiento, lo que primó para ellos en este disco fue ser legítimos ante ellos mismos.

Aprovecho para aplaudir que los organizadores del Festival Rock al Parque hayan entendido la trascendencia de este disco y de esta banda, como innovación musical y transgresión de los purismos, para que tengamos la oportunidad de escuchar varias de estas joyas en vivo en el mes de julio. Seguro será delirante.

Lee además: A propósito de la primera tanda de bandas de Rock al Parque 2016

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Mostrando 2 comentarios
  • Johannes
    Responder

    Una pequeña corrección, Stephen no tocó en este álbum, las lineas de bajo de Sunbather son interpretadas por Kerry. Muy buena la reseña, uno de los discos que sin duda deja su huella en la historia del Black Metal. Y con toda a verlos en Rock al parque, va a estar del putas! saludos :)

    • Julian
      Responder

      Mucha gracias por tu comentario. Y por leer! Saludos.

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