Sonidos de baja fidelidad desde Latinoamérica

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Sonidos de baja fidelidad desde Latinoamérica

Más sucio, más desprolijo. Ese es uno de los predicamentos de la música lo-fi, un movimiento que compete a una deliberada intención por producir grabaciones de baja fidelidad que capturen el ruido y la distorsión, en últimas, la imperfección sonora producida por equipos de poca definición. Aunque claro, para algunos eso significa la más grande de las vulgaridades de la sofisticación musical. Pura violencia sónica llevada al límite de lo irracional mientras que para otros puede ser un camino abierto a la vanguardia o el mismo clímax de la experimentación. Y hay algo de razón en ambas partes. Claro, no es lo mismo ser un auténtico músico de pocos recursos que puede acceder a un sampler clásico de segunda mano por ejemplo, a ser un snob sin nada que decir y que en su agitado espíritu bluff echa mano de una lujosa Fender Stratocaster y asediando pedal a lo que da, maquilla todo con interferencias de radio aquí y allá para salir con cualquier mierdacanción con la única intención de venderla como arty farty vintage.

Negar eso sería omitir una parte de la realidad. Aunque por otro lado podríamos tragarnos nuestras palabras pues si vamos a una arqueología del lo-fi probablemente nos toparíamos también con las grandes ligas: El gran Lou Barlow, el kamasutra sonoro de Mac DeMarco, los podridos de los Wavves, los grandes de Dead Lagoon o The Death of Pop, el extraño Yuko Yuko y como no, con Ariel Pink’s Haunted Graffiti, proyecto liderado por un personaje lacerante y promotor de la psicodelia que en efecto, al igual que todos, hace parte de una bandada de niños inquietos que han asaltado las tiendas de discos a punta de grabaciones de baja calidad –por supuesto ejecutadas de manera inteligente–. (Lee aquí: Así suena la electrónica latinoamericana)

un movimiento que compete a una deliberada intención por producir grabaciones de baja fidelidad que capturen el ruido y la distorsión

No obstante, hay que reconocer que en Latinoamérica a pesar de que el género hasta ahora va tomando forma, no se ha dejado de lado. Existen varios personajes que ya cortejan con el lo-fi en un vaiven de alardes raros que, curiosamente, dan lugar a un mundo lleno de contundencia sónica noventera, donde también se hace gala de una devoción por el noise.

Y es que el ruido en tanto compete a feedbacks, oscilaciones chirriantes, gritos procesados y todos esos modos de sonidos no convencionales u olvidados, resultaron ser la forma de expresión por excelencia. Sí, sabemos que además de las razones estéticas, muchos músicos prefieren las grabaciones lo-fi por razones económicas, cosa muy coherente con la situación de la música en América Latina, donde poco se invierte en música. Esto nos permite comprender por qué el género va tomando fuerza. De ahí nuestro interés por mostrar a aquellos que van explorando ese camino.

Les mostramos algunos de estos artistas a continuación:

 

Hawaiian Gremlins

Surf pop que eclosiona en un lo-fi paranormal perfecto para sacudir mentes aburridas. Eso es lo que fabrican Santiago Padilla, Elías Rojo y Francisco Sánchez, un grupo de muchachos que rondan apenas los veinte años y son casi la misma estampa desaliñada de Michael Cera. Están cobijados por Sicario Records y parecen ser una extensión sonora de The Jesus and Mary Chain con ciertas referencias a Joy Division (como sucede en su track “Closer & Closer & Closer”). En su música es evidente tanto el uso excesivo de coros y reverb como su locura por los pedales, de ahí que sean un proyecto shoegaze propio de un ritmo extraño que invita postrarse sobre una cama y dejar pasar el tiempo hasta que unos cuantos beats experimentales pongan los oídos en trance.

 

O Tortuga

Al contrario de los nerds que hacen canciones melancólicas desde su habitación para bailar o desaparecer O Tortuga hace música para patear traseros y estallar con acrobacias el monopatín. Entre la distorsión y punteos bestiales en “Cool” destila una ética de garage rock en la que nos incitan al pogo. Incluso, su single “Siempre Vago” se configura como una oda a esos preadolescentes que ven su hogar en la calle más que en un colegio. Sí, de esos chicos que “perdían” el tiempo con sus instrumentos y otras cosas como patinar por la ciudad. Todo esto no lo exponen en el universo del VHS con esos colores estallados y ese lo-fi que termina conjurándose en puro noise de encanto punk muy ‘do it yourself’.

 

Los Blenders

Un grupo de mexicanos que se identifican sin vergüenza como esos que “le robaron el peinado a tu papá, los calzones a tu mamá y el corazón a tu hermana”. Por momentos, su sonido tiene pintas ochenteras y en su mayoría apunta despreocupadamente al surf pop aunque puede llegar a tener uno que otro tinte punk bien destartalado.

 

Gilbert Grape

En realidad se llama Tadeo Romero, es de Guadalajara y dicen que es como el gran poeta lo-fi. Él amplifica su resonancia emocional en una producción sonora artesanal que no es más que puro folk norteño de baja fidelidad, disparejo, imprevisible, lleno de sudor y distorsiones. Incluso tracks como “El Cabrón” son un hallazgo entre la melancolía y el rencor donde Grape demuestra su afán por destruir la melodía

 

Lê Almeida

Directo desde Rio de Janeiro nos llega música que no suena a Brasil. Raro pero cierto. Bajo el sello Transfusão Noise Records, João Casaes, Bigu Medine y Joab Régisun constituyen Lê Almeida, proyecto que nos ofrece una especie de sonido grunge de baja fidelidad en el que podemos encontrar ese rango vocal brasilero que continúa siendo formidable pero que se ciñe sobre un lo-fi que va más por estética que por necesidad.

 

Serto Mercurio

Lima no solo exporta cumbia, también noise-pop. Ahí entran Alonso, Bronto, Emiliano y Piero, cerebritos de Serto Mercurio, una propuesta en la que reafirman su solvencia sonora con ligeros ejercicios lo-fi que por momentos parecen ir afianzados a melodías más rusticas con uno que otro guiño al dream pop y a esas notas a lo Mac DeMarco, una constante al final de los tracks que componen su repertorio.

 

Eva & John

Aquí es donde podemos decir: ¡Viva Perú! ¿Por qué? Fácil. Los cuatro personajes que componen Eva & John (Manuel, Carlos, Daniel y Muriel) definitivamente se levantaron una propuesta que a su modo es la más auténtica declaración del lo-fi. Ellos nos proveen un repertorio refinadamente decadente en todos los sentidos: sonoro y visual. Su tema “Ciempiés”, por ejemplo, es casi un eco de los Saycos. Es tan escandaloso y diferente como brillante. Da la impresión de haber sido grabado en una caverna. Además es ejecutado a la imperfección de una guitarra que chilla como un cerdo y aparentemente va a una excitación entre el garage y el shoegaze. Esta canción es tan fiel al género que en el futuro resultará ser el gran manifiesto del mismo.

 

Nanook el Último Esquimal

Promoción y rescate de los sonidos olvidados. Esa es una de las máximas de esta banda colombiana que se fajó con su proyecto Un esquimal por el Tawantinsuyu, un trabajo que partió de un improvisado viaje en el que cada uno de los músicos ejecutó varias grabaciones caseras de algunas ciudades del Perú. Con estas llegaron a fabricar una suerte de postales sonoras que luego acomodaron a su colección de 9 canciones acústicas. Cual experimento lo-fi el resultado fue un repertorio en el que por momentos aparecía un “ruido” de baja fidelidad que nos presentaba la atmósfera de las urbes peruanas demostrando que el sonido más que una forma de expresión también es un espacio en el que se puede habitar.

 

The Kitsch

No son la máxima del lo-fi pero le hacen uno que otro guiño al mismo. Esta banda colombiana nos receta un variado popurrí de garage rock hiperactivo, sucio, distorsionado y primitivo con ligeros matices del garage punk de los años 80. Su subversión tal vez radica en ir contra todo tipo de estética establecida, incluso fue encantador el adelanto que dieron de su EP ¡Baila mami, Baila!. Se trataba entonces de un clip que iniciaba con el clásico cabezote del Show de las Estrellas y luego descendía a un par de videos añejos a blanco y negro, algo monstruosamente lo-fi.

 

Los Alkaloides

Ecuador no solo exporta la música pintoresca de la que el señor Delfín Quishpe hace gala en el mundo de la extrema baja fidelidad. En ese caso también vale la pena mencionar quienes facturan algo del mejor indie lo-fi ecuatoriano: Los Alkaloides, considerados en algunos circuitos under como “los Strokes quiteños”. Esta banda esta compuesta por Carlos Espinosa, Leonardo Morales, Jose Vergelin, Nicolás Meneses y Juan Auz, personajes dedicados a hacer música para extraños que viven en internet. Sobresalen por ofrecer algo de space garage punk roto, sucio y tambaleante con beats creados a base de sintetizador (una de sus principales características sonoras). De ahí que su estética musical esté degenerada al mejor estilo de los años 90. Temas como “Película de Bajo Presupuesto” son un llamado a la ironía y el caos bailable, mientras que “Nintendo” llega a ser una oda al vaporwave al estar llena de esos típicos synthes ochenteros.





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