SWANS | The Glowing Man

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The Glowing Man

puntaje9

9

Nuestra Calificación

Resumen ...un poco apartado de lo que se suele entender por Swans, este disco se asemeja más a un rito de redención, de arrepentimiento; a un enorme mantra en busca del equilibrio espiritual

He estado frente a este texto en blanco por semanas, tal vez no de corrido, pero en innumerables ocasiones me he puesto el reto de redactar esta reseña y desistido ante la insuficiencia lingüística.

Escribí lo anterior para permitir dar rienda suelta a mis dedos torpes, pero en realidad se debe a que SWANS es la agrupación más compleja a la que me he enfrentado a la hora de elaborar un texto alusivo a su trabajo; particularmente, porque el grupo neoyorquino es una de esas escasas agrupaciones que a pesar de tan extensa obra y reconocimiento internacional, continúa siendo algo casi de culto, prohibido.

Lee además: SWANS | The Seer

Adicionalmente, a pesar de la basta gama de matices e influencias sonoras que puede recopilar en cada uno de sus discos, es imposible teorizar o identificar una fórmula que diagnostique o pronostique el patrón compositivo de la banda. A través de su existencia, SWANS ha ejecutado dinámicas que datan desde el rock, noise, industrial, core, folk, gipsy, krautrock e incluso alternativo; sin embargo, es imposible atarlo completamente a ninguna de estas corrientes. Si Radiohead – por ejemplo – es un grupo adelantado a su tiempo, SWANS no tiene uno; es completamente anacrónico, su sonido flota vagabundo entre el espectro de la historia. Tal vez Nick Cave & The Bad Seeds sea otro que también logre trasladarse hasta semejante lugar en el arte.

Como es bien sabido, Michael Gira ha reformulado la alineación de sus “Cisnes” en numerosas ocasiones. También, que los mejores músicos son aquellos quienes más auto-crítica se hacen. Así, Gira se ha visto a sí mismo en igual cantidad de ocasiones ante el gran dilema de evitar el estancamiento creativo; ante la necesidad de evolucionar de una manera honesta, orgánica y auténtica. Impulsado por dicha filosofía, Swans se encuentra ante un nuevo – mas no definitivo – epílogo de su carrera musical. The Glowing Man es el último disco para la actual formación de músicos que conforma el emblemático proyecto de Gira; tal como él mismo lo había comunicado previo a la llegada del trabajo.

El presente, encargado de cerrar una seguidilla de tres discos anteriores gracias a la re-activación de la banda en 2010 – luego de una pausa de trece años tras su primera disolución en 1997 -, refleja una faceta que Gira viene cultivando con paciencia y dedicación en este último periodo de su proyecto insignia. Una, que a diferencia de sus inicios caóticos, crudos, viscerales y blasfemos, pareciese apelar a un balance espiritual mucho más armonioso, ligero, casi etéreo. Al mismo tiempo, no pierde la intensidad sulfurante que hace de Swans una de las agrupaciones más colosales del mundo; pues lo agreste, lo sombrío y lo incomprendido, no son antítesis de la serenidad.

The Glowing Man, según mi atrevida percepción, se perfila como una de las manifestaciones más centradas y efectivamente mejor enfocadas de la propia emotividad de Gira. No es un secreto que la psique del compositor es la materia prima para sus canciones, pero esta vez no vemos el tedio, lo mórbido o lo terrorífico que solía explorar Swans en placas antecesoras. Aquí, se busca otro tipo de oscuridad, una que no refleja ansiedad, sino una que resulta dócil, maleable y por momentos inocente.

Claramente podría errar en mis interpretaciones de los mensajes líricos contenidos a lo largo del álbum, pero por otro lado, lo que logra Swans con mayor facilidad es activar las emociones más profundas; algunas que tal vez no conocíamos o con las que no sabríamos lidiar. The Glowing Man, un poco apartado de lo que se suele entender por Swans, se asemeja más a un rito de redención, de arrepentimiento; a un enorme mantra en busca del equilibrio. Apela a estructuras sintácticas como oraciones de ritos paganos, con palabras por momentos explícitas y en otros metafóricas, siempre en un constante estado de exaltación. No tardamos mucho en encontrar muestras de estos presentimientos, pues en los dos primeros tracks se hace explícito la totalidad del ánimo elevado que se encuentra en el disco:

Walking, counting, breathing, reaching, leaving
God, oh God I’m Leaving
Surrender! Surrender!
Take us! Take us!
The sun. A son. A child. A son
I see us. Take us!
Children: I am blind.

Así se despacha Gira en “Cloud Of Forgetting“, la cual abre el álbum precisamente con una ambientación tranquila de teclados brillantes y rasgueos de guitarra acústica. Luego, se le suman mandolinas y golpeteos suaves creando cierto estigma gitano. A medida la voz de Gira se va agitando, la reverberación de las guitarras también incrementa, desencadenando una ola de ruido hipnotizante. Después, “Cloud Of Unkowing” retoma esa misma dinámica e ímpetu pero más parsimoniosa y con un ritmo marchante. Poco a poco, llega hasta a un clímax de coros entre Michael y su esposa Jennifer que a su vez dan entrada a un interludio orquestal por poco descriptible como magnánimo.

Monster eater, Jesus feeler, Zombie sucker, Zombie healer
I am washing your skin, I am calling your son
I am watching your skin, I am washing your son
I am washing your skin, I am watching your son

El otro corte con igual nivel de efervescencia, siguiendo la línea que queremos rescatar del disco – con el propósito de no prolongar demasiado este escrito – es precisamente aquel que otorga título a la placa.

The Glowing Man“, con 29 minutos de duración, comienza a sembrar sus semillas con notas cristalinas en los teclados, asemejando un viaje interestelar. Pero pronto, una guitarra interrumpe la señal para traernos de vuelta a la tierra directamente hasta el sermón que el propio Gira promulga amparado bajo el refugio de la iglesia sonora que ha construido a su alrededor. He’s a real go-getter. He’s a real heart-breaker. He’s a real head-splitter. He’s a real mean keeper. He’s a real deep teacher., es un poco de lo que Michael alcanza a profesar antes que los increíbles trescientos sesenta y cinco golpes sucesivos entre guitarra, bajo, redoblantes y platillos conjuntos, re afirmen a Swans como uno de los proyectos más obstinados de la música moderna. No es arbitrario tal número, es otra prueba de la obsesiva naturaleza de Gira. Luego de semejante terapia musical, la canción finaliza con una dinámica un poco más habitual al oído común pero con una última apología extraña, una inspección psiquiátrica de las personalidad que sueles desdoblarse de la mente del cantante:

Joseph is standing behind my back
Joseph is digging his hands in my chest
Joseph is drinking the light in my lung
Joseph is moving his tongue in my neck
Joseph is riding a vein in my head
Joseph is cutting my arm on his bed
Joseph is making my body fly
Joseph is me and you are a liar!
I am a Glowing Man I am
I am a growing, Glowing Man
I am a no no no no nothing Man

Quizá la mayor enseñanza que queda tras escuchar detenidamente la obra de Swans, y principalmente su última tétrada de discos – encabezada por My Father Will Guide Me… (2010), The Seer (2012), To Be Kind (2014) y finalmente The Glowing Man – es que su “música” es mucho más que simplemente eso. Lo que Gira y compañía proponen – especialmente en vivo – se prolonga sobre la simple composición de canciones o el performance sonoro. Este proyecto se configura más como una especie de terapia inter-sensorial tanto corpórea como mental, un exorcismo de los rincones ocultos del alma.

Por ahora, recuerda agendarte con los conciertos programados de SWANS en:

Bogotá – Medellín

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