SWANS | The Seer

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SWANS | The Seer

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The Seer

puntaje9.5

9.5

Nuestra Calificación

Resumen En 'The Seer' conviven tanto el mayor refinamiento melódico del proyecto de Michael Gira hasta esa fecha como un intento de rencontrarse con sus raíces más experimentales y ruidosas

Si bien la carrera de Swans ha pasado por etapas diversas en términos de formación y orientación sonora, siempre se puede hablar de un proyecto que se distingue por confrontar, por transgredir las formas y enfrentar al oyente a lo inimaginado.

Por supuesto, la faceta más áspera y hermética de la banda quedó por allá en los ochenta —su periodo no-wave—, la apertura hacia lo melódico y lo ecléctico les permitió entregar producciones cada vez más grandilocuentes, con pretensiones universalistas, en las cuales es posible encontrar representada cada emoción existente o al menos un rango muy amplio de ellas. Ese espíritu no se perdió cuando el proyecto comandado por Michael Gira entró en un periodo de inactividad de más de una década, sino que al contrario vino potenciado a su regreso; en discos como el que hoy me ocupa, lanzado en el año 2012.

Encuentra aquí: Michael Gira habla sobre el futuro de Swans y su próximo álbum

Tomando en cuenta que al My Father Will Guide Me a Rope to The Sky de 2010 desafortunadamente lo pasé por alto cuando salió, The Seer fue el primer álbum de la banda que conocí en su momento de aparición. Recuerdo que llegué con mucha curiosidad por lo que esa oscura leyenda llamada Swans tendría por expresar en ese momento y la fascinación que sentí entonces se mantiene hasta hoy.

Para arrancar, como es sello de Swans, se trata de una producción extensa, divida en dos partes. Casi dos horas en total, las que no siempre será fácil escuchar de corrido, ni tampoco es una obligación hacerlo: el corte autotitulado es en sí mismo tan largo como algunos álbumes, y las dos piezas de cierre fácilmente podrían ser cada una un EP. Sin embargo, la sensación de plenitud que se tiene al apreciarlo entero en un solo viaje es algo digno de experimentarse.

En The Seer conviven tanto el mayor refinamiento melódico del proyecto hasta esa fecha como un intento de rencontrarse con sus raíces más experimentales y ruidosas. La producción es un poco arbitraria en la forma cómo elige hacer lo uno o lo otro en cada momento; llega a ser irrespetuosa con las expectativas del oyente y la manera en que sería más natural para este hacer la transición entre una versión de la banda y otra. Esto acrecienta la sensación de choque de fuerzas, de inestabilidad. Por supuesto, tratándose de Swans, no es extraño que decidan crear estos sobresaltos, y no deja de ser interesante cómo pueden llevarnos del infierno al cielo con tanta desfachatez.

Gracias a la gran cantidad de músicos e instrumentos involucrados en su elaboración —una auténtica orquesta dirigida por el gusto endiablado de Gira—, la narrativa del disco nunca se estanca, incluso cuando la reiteración es parte de su premisa y algunos segmentos podrían antojarse un poco excesivos. Pero en lo que compete a evaluar unos temas en relación con otros, cada uno justifica su existencia con elementos distintivos.

El encantador mantra que es “Lunacy”, con su impecable confección vocal, representa una perfecta bienvenida para el oyente y logra ponerlo en un estado de inmersión mística, si es que tal cosa existe. “Mother of World”, por su parte, sintetiza muy bien lo que es Swans enlazando una sección disonante y balbuceada con un estallido de rock y un final cadencioso en que la voz de Gira arrulla con líneas como Mother, come, kill time as it begins...

La pista que da título al disco, más que una canción, es una guerra; con momentos de solemnidad, de tensa calma, de explosiones, de caos y de intenso dolor; de atmósferas siniestras, percusiones marchantes, arreglos de cuerdas que erizan la piel. Feedbacks punzantes, armónicas suplicantes y muchas más sutilezas sonoras; incluyendo algunos juegos vocales en el tramo final de la pieza, que sirve de preludio para la muy sólida y llamativamente groovy “The Seer Returns”. En ella tenemos el privilegio de escuchar el aporte de Jarboe, exintegrante de la banda.

Enseguida, “93 Ave. Blues” nos lleva de nuevo a lo más críptico de Swans con 5 minutos de perturbadora experimentación que suena a la visión tradicional que tenemos del averno, pero, de alguna manera, logra empalmar muy bien con el melancólico minimalismo de “The Daughter Brings the Water”. Esta, junto a la preciosa y radiante balada folk “Song for a Warrior” (con Karen O. de Yeah Yeah Yeahs como voz líder), configuran el momento sereno de The Seer.

Con “Avatar” llega uno de los pasajes más poderosos del disco. A partir del repicar del glockenspiel sobre una intrigante base rítmica, la canción empieza a crecer y saturar el espacio con la fuerza de las guitarras, en una forma perfectamente medida, preparando el terreno para que la voz de Gira entre majestuosa con un nuevo mantra: Your life is in my hand/Your mind is in my eye. Cuando todo parece apagarse, incluyendo el “leitmotiv” del glockenspiel, la canción da un último arresto con un contraataque post-metalero.

El álbum deja dos temas enormes y muy diferentes entre sí para el final. Primero, “A Little Piece of the Sky” se mueve de un drone profundo y emocionalmente neutro hacia un pomposo post-rock progresivo, para finalmente desembocar en una cándida instrumentación minimalista sobre la que Michael Gira, armonizado por un coro y la juguetona presencia de un punteo de dúlcimer, entrega versos nostálgicos como:

In a clear and rushing vein
In a tunnel full of rain
In a piece of yellow light
On the skin of my eye
Are you there?

Para cerrar, “Apostate” también nace del ruido, pero evoluciona hacia salvajes y complejas aventuras rítmicas que parecen conducir un ritual de invocación para una entidad divina: Get out, Get Cross, We’re on a ladder to God, We’re on a ladder to God. Con esta reafirmación de su talante espiritual concluye este gran disco. Una incontestable muestra de lo polisémica que puede ser la palabra Swans como proyecto artístico y de cómo es creíble y emocionante en cada una de sus facetas. Independiente de que uno considere o no a The Seer el mejor disco de Swans, su trascendencia es innegable. Se trata de una producción que rinde honor a la carrera del proyecto, pero al mismo tiempo le permite explorar y renovarse en términos de concepto, estructura e instrumentación.

Aunque en la minigira que realizará la banda por nuestro país el próximo mes no escucharemos este álbum, sino su también espléndida nueva entrega The Glowing Man, vale mucho la pena ponerse a tono con The Seer en la medida en que significó el gran relanzamiento del grupo y sentó las bases para algunas nuevas direcciones que se vieron concretadas en To be Kind (2014] y el mencionado último álbum.

Escucha aquí: Stream del nuevo álbum de SWANS: The Glowing Man

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