Una noche para toda la vida | The Rolling Stones en Bogotá

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Una noche para toda la vida | The Rolling Stones en Bogotá

El sonido de una armónica retumbó como un llamado solemne y ceremonial. Las guitarras se alternaron entre doce compases mientras lentamente fueron aumentando la intensidad. La batería, siempre precisa y falsamente ingenua, acompañó los casi diez minutos del blues más puro y sentido que se haya oído en Bogotá. Mientras tanto Mick Jagger, aquel estudiante de la London School of Economics pero graduado en rock n’ roll, atravesó una y otra vez una pasarela de casi 50 metros con la presencia de aquel excursionista nocturno entregado al placer de saltarse muros de jardínes, aquel que se da el lujo de cerrar las puertas de las habitaciones a su antojo. Era “Midnight Rambler” de The Rolling Stones sonando en Colombia. Era una de las mejores canciones en la carrera de los ingleses retumbando en la capital del país. Era la historia del rock en el estadio El Campín.

Para ese momento, sin duda alguna el clímax de la presentación, ya habían pasado clásicos como “Jumpin’ Jack Flash”, “It’s Only Rock ‘n Roll (But I Like It)”, “Tumbling Dice”, una improvisada y solicitada “Dead Flowers” y la sorpresiva “Beast Of Burden” con Juanes como acompañante, un regalo para los seguidores del colombiano pero más para los fanáticos acérrimos de la banda (solo la tocaron en Buenos Aires y Sao Paulo). En ese punto, algunas dudas en el sonido ya se habían diluido y la agrupación ya sonaba más que aceitada. A esa altura ya éramos conscientes de estar viendo en vivo a una de las bandas más importantes de la historia. El sueño era real.

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Los años de espera para todos aquellos que nos pusimos nerviosos con los incontables rumores, para los que compraron tiquetes para un show imaginario en Medellín y para los que nos emocionamos hasta el llanto con la confirmación de una inminente visita, pasaron frente a nosotros mientras “Wild Horses”, el contundente punteo inicial de “Paint It Black” y la grandiosa “Honky Tonk Women” estallaban como muestras irrefutables de la grandeza de un género que se niega a morir, un estilo musical que en manos de esos personajes que hacían de las suyas sobre la tarima pasó de ser una moda de la cultura pop a un estilo de vida que sigue inspirando a distintas generaciones.

¿Algo más emocionante para un seguidor del género o The Rolling Stones que ver a Keith Richards tomar posesión del micrófono central para cantar “You Got the Silver” o “Before They Make Me Run”? No. Aquellos clásicos de Let It Bleed (1969) y Some Girls (1978), respectivamente, fueron en Bogotá la materialización del mito, la personificación de una imagen que en sí misma representa no excesos ni locuras, sino el amor eterno por el blues primitivo que en su encuentro con la electricidad encarnó el estilo musical más hermoso del mundo.

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Y así como Richards encarnó a la leyenda, Ronnie Wood se mostró como el gran guitarrista que carga sobre su espalda parte importante de la historia del rock inglés. Sus solos, sobre todo en la hermosa “Miss You”, demostraron la versatilidad con el instrumento que le valió un puesto fijo en la banda desde hace cuatro décadas. Como si fuera poco, en medio, el grandioso Darryl Jones golpeó su bajo una y otra vez con la sutileza y firmeza del jazz que exploró con nombres como Miles Davis, Herbie Hancock o John Scofield, marcando otro de los puntos álgidos de un show que en ese momento ya adquiría merecidamente la estampilla de épico.

Pero habría más. Habría mucho más. “Gimme Shelter” dejó brillar a la espléndida Sasha Allen, quien se apoderó de la pasarela central con el poder del góspel, el R&B y el soul en sus cuerdas vocales antes de que “Start Me Up” diera paso a la personificación del demonio en “Sympathy For The Devil”. Fuego, pentagramas y el mítico abrigo de terciopelo de Jagger nos transportaron a los que cumplimos la cita con la historia a un viaje sin regreso a las profundidades de las tinieblas sonoras de los Stones. Era real. Estaban entre nosotros.

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“Brown Sugar”, otro regalo para los fanáticos de siempre, dio paso a la hermosa “You Can’t Always Get What You Want” con el hermoso coro de la Universidad Javeriana y el cierre esperado y memorable con “I Can’t Get No (Satisfaction)”. ¿Podríamos haber pedido más? No. Así los Rolling Stones nos dieron una cátedra de rock n’ roll, de fuerza, de resistencia y de historia. Así, los ingleses ofrecieron en Bogotá el mejor concierto del género en su historia. Así demostraron que como ellos no hay y no habrá nunca nada más. Así, en casi dos horas, Jagger, Richards, Wood y Watts nos volvieron a hacer sentir que el amor por este estilo musical sí vale la pena. Así, nos volvieron a hacer sentir que estamos vivos.

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