Zof Ziro| La Bomba de Ziroshima

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Zof Ziro| La Bomba de Ziroshima

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Zof Ziro| La Bomba de Ziroshima

Puntaje - 8

8

Nuestra Calificación

Resumen Ziro es entonces un poeta maldito, describiendo amarga y cuidadosamente lo que vive y observa, al calor canábico y algo de alcohol para mitigar el frío de las calles de la ciudad.

Por: Santiago Cembrano

En Bendición Baudelaire escribió: “Cuando, por un decreto de las potencias supremas/El Poeta aparece en este mundo hastiado/Su madre espantada y llena de blasfemias/Crispa sus puños hacia Dios, que de ella se apiada”. A partir de estos versos, Verlaine habló en los años 80 de los poetas malditos como Rimbaud y él mismo, que tienen en común un talento inmenso, la incomprensión de sus sociedades, una vida bohemia de alcohol y calles y un arte provocativo y sagaz. Con La Bomba de Ziroshima (2016) Zof Ziro se confirma como uno más de estos poetas malditos.

El rapero y productor paisa, que junto con Granuja conforman Gordo Sarkasmus, llega lleno de demonios (Fatality) y pensamientos sucios (Ojos de diablo) que va exorcizando una rima certera a la vez. Ziro nos bendice con beats inspirados en el boombap newyorkino de los noventas y el sampleo de la golden age, junto con rimas pulidas y recursos literarios que provocarían aplausos en los sillones de la RAE. Así,  continúa con lo que Gordo Sarkasmus había plasmado en Herejías: burlarse sarcásticamente de todo, empezando por uno mismo, sobre beats que se asemejan al soundtrack de un jueves por la noche tomando polas en un parque.

Zof Ziro nos presenta lo que es La Bomba de Ziroshima en las primeras líneas de Fatality: “Sonidos simples pa’ verdades amargas”. La explicación, aunque somera, aborda la esencia del disco y de la onda que caracteriza a Moebiuz, el sello que hace unos años fundaron Ziro y Granuja: escupir verdades duras de forma retorcida y cínica sobre beats mínimos con samples precisos, resultado de días de arqueología en vinilos. Sobre estos cimientos La Bomba narra experiencias comunes entre el amor al hip hop y lo que pasa en las calles y en la vida mientras se beben litros y se fuman porros.

Si las experiencias son comunes y cercanas, lo que constituye gran parte del encanto de La Bomba de Ziroshima, la forma en que son descritas es todo lo contrario: con una técnica depurada, Zof Ziro salta de una sílaba a otra, entre rimas internas, aliteraciones y símiles sin fin, para reírse ácidamente de lo que va observando en Medellín, la eterna rimadera, como la llama en Ojos de Diablo. Así, la onda expansiva de esta bomba no deja títere con cabeza. De entrada, resalta el sarcasmo y la agudeza con la que Ziro disecciona el panorama: “Mal por vos si mueres por la que al mejor postor se entrega, si el que se la roba se llama Lucas Villegas”, plantea en “Mientras todo”, a la vez que añade en “Bajos y tintos” que “Antes me meto a malandro que a un préstamo del ICETEX”. Este tipo de reflexiones se condensan cuando Ziro exclama que: “Todo en la vida costará por eso la muerte es gratis”.

Los beats son sucios en el sentido rapero y urbano de la palabra, evocando calles sombrías y caminatas de vuelta a casa semi borracho, pero la ejecución es magistral: sin duda los beats encajan con las temáticas de las canciones y son gran parte del impacto de La Bomba de Ziroshima (2016).

Ante este panorama sombrío Ziro da una luz de esperanza, a su manera, en “Folclor con Flor”: “Lo que no da la plata es lo que más cuesta, como Héctor y Willie el rap es la cosa nuestra”. Y es precisamente el hip hop la cura del doctor Ziro para todos los males, pues no todo el panorama de La Bomba es gris: “Mientras todo se agrava, grabo, y cuando grabo ya no es tan grave” exclama en “Mientras todo”. La Bomba es el manifiesto de un amante del hip hop por sobre todas las cosas, de aquel que como Ziro en “Síndrome de Estocolmo” busca: “Quedarme oyendo beats y que el reloj no suene”, y que se suma a la idea que cuenta en “Folclor con Flor”: Hacer esto me dopa, me hace olvidar hasta comer, hasta que chillen las tripas”.

Para los amantes del hip hop que morimos por un punch line bien ejecutado y un piano que lo arrulle, es imposible no conmoverse por la forma en que Ziro habla del hip hop, la única columna sólida en un contexto en el que “no hay hadas madrinas donde ratas te tumban los dientes sin dejar propina”, como relata en “Ojos de diablo”. A lo largo del proyecto, Zof Ziro mantiene una actitud carismática y desafiante: “All Day ABC, vi a la muerte y la besé, a la belleza la injurié por cobrar honorarios”, se burla en “Dios nos recrea”, mientras que argumenta en “Folclor con Flor” que “si la vida es ser fichas de ajedrez me enroco, acá no hay rey ni torre, solo darse en la torre, mi rey”. Esto lo puntilla cuando rapea en “Mientras todo”: Dios se fue de viaje, dele paso al hereje”.

Asimismo, a lo largo del disco Ziro va soltando perlas de sabiduría, como cuando rapea en “Fatality” que “Sigo siendo ateo si me vengo adentro”, cuando reflexiona en “Tom Solle” que “vivo llegando tarde, solo en la cama sirve” o cuando dice amargamente en “Dios nos recrea” que “los obsequios son exequias de lo que un día fue especial”. Ante los problemas, Ziro mantiene unas esperanzas sencillas: “Felicidad: que esto no acabara, una mujer y fumar vara, hacer pesos sin dar cara”. Rap, chorros y plones, para qué más. O como pide en “Tom Solle”, “all day raps y polas”. Las referencias al alcohol, al cannabis y a las peripecias callejeras son una constante en La Bomba de Ziroshima (2016), como es (buena) costumbre de Moebiuz, pintando elegantemente un panorama conocido para muchos en las noches citadinas, sin quitarles la suciedad que las caracteriza. “No soy de agüeros, soy de guaros” celebra en Mientras todo, mientras confiesa en Tom Solle que “Escucho a Bebo Valdez, bebo a baldes, aún en tiempos de tiradez”.

La poesía maldita de Zof Ziro tiene aún más impacto por los sonidos que la transporta. Una alineación estelar de beatmakers como Crudo Means Raw, El Arkeólogo y N. Hardem complementan a Doble Z (el alter ego productor de Ziro), que se encarga de la mayoría de la producción. Las influencias sonoras se pueden rastrear hasta la edad dorada del hip hop, y Ziro no lo esconde, nombrando a RZA, Redman y Lootpack, mientras Fa-Zeta de Alcolirykoz incorpora a Biggie, Guru y KRS.ONE en los scratches. En todo caso, si con este proyecto Zof Ziro se consolida como uno de los mejores MCs colombianos, Doble Z no queda atrás en la producción, logrando crear una atmósfera amenazante e hipnótica a la vez, que envuelve perfectamente esta bomba. Así, los beats son minimalistas, con samples precisos y efectivos, acompañados de cuerdas o notas de piano que acompañan la batería.

En “Fatality” Doble Z arregla un piano amenazante y lento que sobre la batería crea un rastro de suspenso para iniciar el disco. En “Mientras Todo” unas cuerdas sucias y duras, quizás fantasmagóricas, marcan la melodía. En “Folclor con Flor”, el tempo sube un poco y unas notas de piano agudas acompañan los graves del bajo. Mientras tanto, “Bogotimes” y “Ojos de Diablo”, con un piano agudo, presentan notas mucho más melancólicas y frías, construyendo así distintos sentimientos y espacios sonoros durante el proyecto, que culminan en el crepitar del vinilo. Los beats son sucios en el sentido rapero y urbano de la palabra, evocando calles sombrías y caminatas de vuelta a casa semi borracho, pero la ejecución es magistral: sin duda los beats encajan con las temáticas de las canciones y son gran parte del impacto de La Bomba de Ziroshima (2016).

En Aullido, Ginsberg escribió: “He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa”. En La Bomba de Ziroshima (2016), Zof Ziro relata un panorama igualmente sombrío, pero es el hip hop, acompañada de tragos y blunts, lo que atrapa y condena a las almas en pena, en búsqueda de una dosis que los salve por un minuto más. “Dios nos recrea, el diablo nos junta” recuerda Ziro. Es entonces un poeta maldito, describiendo amarga y cuidadosamente lo que vive y observa, al calor canábico y algo de alcohol para mitigar el frío de las calles de la ciudad. Su balance entre cronista de su tiempo, existencialismo y ganas de beberse la vida lo explica en “Zirocybe”: Fruto de Nietzsche y de Niche”. Si hay un adjetivo que describa La Bomba de Ziroshima (2016) es hip hop, que es lo único que importa, después de todo. “Alguien escribe cuando todo se apaga, y es como droga” rapea en “Zirocybe”. Como sus antecesores del malditismo, Ziro se desvela por y para el rap. “Al rap le ofrecí todo”, confiesa en “Mientras todo”. Y vaya si el rap le devolvió, con creces.

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