Violencia contra el arte en tiempos de paz

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Violencia contra el arte en tiempos de paz

 

Por: Angie Narciso García

Fotografía: Juan Urrego

En un momento donde estamos ad portas de celebrar un plebiscito para la paz, vale la pena preguntarse si la violencia solo tiene lugar en el campo, en los espacios marginados de la ciudad o durante los debates en Cámara de Representantes. En un momento donde hablamos de diálogo, de negociaciones, de reconciliación, vale la pena repasar esos anuncios importantes en materia política que se dieron recientemente y que afectaron o afectarán directa o indirectamente el sector cultural. Hablamos de desiciones que nos hacen preguntarnos si son o no regulaciones en pro del desarrollo artístico, en pro de consolidar un ambiente cultural más solidario donde prevalezca el apoyo mutuo, o si en realidad son todo lo contrario.

Primer strike: El nuevo Código de Policía

 

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Fotografía: Juan Páez‬

Hace unos meses el debate giró en torno a los puntos de un nuevo Código de Policía que al final fue aprobado por el Congreso de la República. En este documento se dictan varias regulaciones, en lo subjetivo varios golpes. Uno es contra la intimidad más básica: las autoridades podrían entrar a un domicilio o a instituciones educativas sin orden judicial, esto cuando se produzcan hechos o conductas que afecten la convivencia en dichos espacios. Y el siguiente totazo es para la música: los dueños de venues y discotecas ubicados en zonas residenciales deberán autorregularse en materia de sonido o les cortarán la luz.

Mientras tanto a los empresarios y organizadores de eventos públicos se les obliga a contratar seguridad privada para mantener el orden público. De manera que a los gestores les tocará asumir un gasto extra: aparte de pagar seguridad privada para montajes y desmontajes, les tocará contratar a otra empresa especializada en el manejo de multitudes y movilidad (algo que le correspondía a la policía), lo que sin duda encarecería los costos de producción y por defecto de boletería.

(Lee aquí: El nuevo Código de Policía podría afectar los festivales musicales del país)

Aunque la policía ‘podrá’ intervenir, al final no me quedó claro en el documento si está institución está obligada a garantizar la seguridad y la convivencia. Tampoco hubo claridad sobre las condiciones de seguridad que exigirá el gobierno nacional a los promotores de conciertos. Tampoco sé si en el país hay compañías que estén preparadas para prestar un servicio de seguridad completo y estandarizado para festivales de gran envergadura y si estas serán vigiladas por la administración pública. En fin, el Código tiene muchos vacios que quedaron en el aire.

Segundo Strike: Los estereotipos de la Guía de Impuestos para artistas

 

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Fotografía tomada de la guía virtual de impuestos y beneficios para artistas.

¿Cómo es posible?, fue lo primero que dije al explorar uno de los sketches de la guía virtual de impuestos y beneficios para artistas y creativos. Se trataba de un video donde se apreciaba a un ‘artista’ (con todos los estereotipos que puede tener encima) guardando bolsas llenas de dinero en el techo de su casa, eso mientras decía: “Muchos decimos que no nos formalizamos porque la plata de los impuestos se lo roban los corruptos, o que no nos formalizamos porque debemos hacer mucho tramite, porque el sistema está fregado, porque la cosa está muy dura, porque la platica no alcanza para andar pagando impuestos, pero en el fondo todo eso es mentira.”

Soy consciente que declarar impuestos es una obligación legal y entiendo que la idea del Ministerio de Cultura con estos clips era generar confianza a los artistas y acercarse a ellos de una manera más espontanea en materia de impuestos. ¿Pero era necesario ese lenguaje?, ¿era necesario ese discurso donde aparecen de manera tan distorsionada las realidades económicas y sociales del sector artístico colombiano? Aunque la cuestión de fondo debe ser: ¿en serio creen que así son nuestros artistas?, y de paso, ¿estos podrán aspirar a una pensión segura en un momento donde ni algo tan básico como la salud es algo digno en este país?

(Lee aquí: Artistas y creativos colombianos, a pagar impuestos)

Al final, la guía me dio información sobre el número de impuestos vigentes, cuánto plazo existe para pagarlos y cómo. Sin embargo, no me  quedó muy claro cuál es el método de tributación más conveniente para cada artista. Es decir, ¿existe un método de tributación que esté más acorde a la actividad de un creativo, colectivo o músico que tiene su principal actividad económica en dar una serie de conciertos y vender su trabajo editado en plataformas digitales? o ¿es igual para todos?, ¿es lo mismo para un fotógrafo que para un diseñador gráfico entendiendo que no ganan lo mismo? En el caso de una banda, ¿para declarar lo ingresado por ventas de discos sí o sí hay que asociarse o establecer una editorial o se puede hacer de manera independiente?, ¿cómo?

Tercer Strike: Las trabas burocráticas para eventos musicales

 

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Fotografía: Juan Urrego

Si en Londres llueve en Bogotá tampoco escampa. Mientras en el Reino Unido el Consejo de Islington votó por cerrar permanentemente Fabric, uno de los clubes más legendarios de Londres puesto que “en el lugar existe una cultura de drogas que no se puede controlar”, aquí unos meses antes, el Distrito, obedeciendo a una solicitud hecha por la Secretaría de Movilidad, estaba evaluando la posibilidad prohibir conciertos masivos en el norte de Bogotá, esa misma zona donde han tenido lugar grandes eventos como el Festival Estéreo Picnic, el Jamming Festival y los shows de System Of A Down, Manu Chao, Muse, entre otros.

Tal parece que la calle 192 hasta la 245 con Autopista Norte, no cuenta con una infraestructura vial óptima que soporte un gran volumen vehicular; así que la entidad demandó que no fueran otorgados más permisos para grandes shows en estos predios. Esa fue su idea, entregar un documento con muchas regulaciones pero donde no se contempló ni se propuso un terreno específico para la realización de eventos de gran envergadura. Por mucho se habló de la construcción de la Sede de la Filarmónica (que a decir verdad, quedó en veremos).

(Lee aquí: En pausa la construcción de la sede para la Orquesta Filarmónica de Bogotá)

Claro,  debo agregar que está en proceso de construcción la Arena Bogotá, un complejo con tecnología de punta con capacidad para 24.000 personas. Eso es algo que aplaudo, ¡ya era hora! Pero eso no quita que los espacios vitales para la circulación musical en vivo están empezando a padecer el éxodo del desplazamiento o en otros casos de lo que llamamos desaparición forzada. Si el norte no es apto para shows, Chapinero tampoco. El 1 de abril de 2016, Asilo anunció en sus redes sociales su sellamiento por problemas con las autoridades locales. Pero el totazo llegó con Latora 4 Brazos. Antes de abrir sus puertas para dar lugar a los showcases del Festival Hermoso Ruido 2016, la policía procedió a registrar nuevamente el venue hasta que declararon su clausura permanente.

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Fotografía tomada del Facebook de Latora 4 Brazos

Según ellos, este lugar ubicado en la carrera 8 con 40B, se encontraba en un predio donde su vocación comercial no era legal. Claro, el cierre no se dio por alguna regulación del nuevo Código de Policía (pues ese entra en vigencia en 2017). Esta vez fue la normatividad del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), la cual busca administrar el uso de los suelos en diferentes zonas urbanas y definir en qué condiciones se pueden ubicar diferentes edificaciones y cuáles pueden ser las actividades productivas de las mismas.

Aunque los socios de Latora contaban con una licencia (expedida en una fecha previa al POT) que justificaba sus funciones comerciales, la clausura al final se dio. Luis Felipe Rios, uno de los socios de este bar, se pronunció al respecto y nos dejó una reflexión importante para este 2016, el año de las regulaciones: “Cierran Latora y ¿dónde van a seguir tocando los músicos? Ayer fue el Teatro Metro, el Metropol y una chorrera más de bares y escenarios. Hoy somos nosotros, mañana Latino Power… ¿Dónde van a tocar los músicos?, ¿en Rock al Parque? Ni siquiera está pensado como un proceso. ¿Por qué el poder público no puede llegar a diseñar una política que no restrinja? Hoy se cierra Latora, después de 7 años de actividad ininterrumpida, y son alrededor de 15 personas, empleados permanentes del bar que se quedan sin trabajo.”

(Lee aquí: ¿Se privatizará Rock Al Parque? IDARTES responde)

¿Para cuándo la paz con las artes?

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Gif: Juan Urrego

Estos tipos de violencia contra el arte no solo están matando venues importantes para la música en la ciudad, también nos hacen preguntarnos si vale la pena hacer empresa en la industria musical de este país, una nación cuyo deporte nacional por excelencia parace ser la burocracia.  Ya recuerdo hace unos años todo el proceso que se desató por el concierto de Paul McCartney en el Campín. La preocupación giró en torno a la gramilla: si se iba a dañar,  si se iba a hundir o desaparecer. Luego de varios estudios técnicos, pruebas y levantamientos topográficos, la administración de Bogotá por fin prestó el estadio. Y pese a las críticas por parte de algunos concejales, ese día a todos los fans nos volvió el alma al cuerpo.

Aquí tramitar los permisos para ejecutar un evento también se ha vuelto otra traba desgastante y costosa. Entiendo que hay una normatividad y que en estos casos es en pro de asegurar el bienestar del público, pero también debemos entender que la infraestructura está floja, que no se ha invertido lo suficiente en esto y eso tampoco ayuda mucho al sector artístico. Y es en estos casos donde lo ideal es ayudarnos entre todos, dialogar, negociar y no ir a lo fácil regulando sin proponer soluciones o acuerdos.

¿Para cuándo la paz con las artes?

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