“Primero el tumor, luego el linfedema: mejoré en este camino”

“Me levanto y rompo el mundo todas las mañanas”. Melina se ríe y una corriente de energía vibra en sus ojos. No hay sombras en su rostro, cada gesto transmite la alegría de vivir. Durante los últimos seis años, ha lidiado con cáncer de piel, tres cirugías y varias rondas de tratamientos agresivos, mientras luchaba contra la oscuridad de una profunda depresión inducida por medicamentos. Tras extirpar el tejido tumoral, también tuvo que lidiar con un severo linfedema, para el que parecía imposible encontrar una cura, y que, con tan solo treinta años de edad, la hacía sentir muy incómoda. Cuando el horizonte era oscuro, condiciones adversas y un camino perdido, Milena pudo haber sentido desesperación y, en cambio, apretó los dientes y decidió resistir. El tiempo ha demostrado que tiene razón, su vida ha cambiado y hoy puede decirlo sin arrepentirse. De hecho, hay una pizca de satisfacción en sus palabras: “Es cierto – explica -, sufrí, pasé por mucho dolor, pero en el camino encontré la mejor versión de mí mismo”.

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