Un estudio internacional revela cómo las fusiones entre galaxias pudieron destruir y reconstruir el disco estelar de la Vía Láctea
La historia de la Vía Láctea podría ser mucho más turbulenta de lo que se creía hasta ahora. Un nuevo estudio liderado por investigadores del Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona (ICCUB) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC) concluye que antiguas colisiones galácticas desempeñaron un papel decisivo en la formación actual de nuestra galaxia.
La investigación, publicada en la revista científica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, analiza mediante simulaciones avanzadas cómo las fusiones entre galaxias pueden destruir parcial o totalmente los discos estelares. Los resultados también permiten calcular con mayor precisión cuándo ocurrió una de las colisiones más importantes en la historia de la Vía Láctea.
El misterio sobre el origen del disco galáctico
Cómo gira la Vía Láctea
La Vía Láctea posee un enorme disco giratorio compuesto por estrellas, gas y polvo interestelar. En él se encuentran la mayoría de las estrellas visibles de la galaxia, incluido el Sol. Este disco adopta una forma similar a una espiral achatada y gira a más de 220 kilómetros por segundo.
Durante décadas, los astrónomos han intentado determinar en qué momento comenzó a formarse este sistema rotatorio. Para ello, estudian tanto la edad como el movimiento de las estrellas, buscando señales de cuándo empezaron a desplazarse de manera coordinada alrededor del centro galáctico.
Ese momento es conocido por los científicos como el “tiempo de rotación” de la galaxia.
La gran colisión que cambió la galaxia
Sin embargo, la Vía Láctea no evolucionó de manera aislada. Desde hace años, la comunidad científica sospechaba que una gran colisión con otra galaxia más pequeña alteró profundamente su estructura.
Esa hipótesis ganó fuerza en 2018 gracias a los datos de la misión espacial Gaia, de la Agencia Espacial Europea. Las observaciones detectaron una población de estrellas con trayectorias inusuales que solo podían explicarse por una gran fusión galáctica ocurrida hace unos 10.000 millones de años.
Este evento fue bautizado como Gaia-Sausage-Enceladus (GSE), y hoy se considera uno de los episodios más violentos en la historia temprana de la Vía Láctea.
Simulaciones revelan discos destruidos y reconstruidos
Para profundizar en este fenómeno, el nuevo estudio utilizó las denominadas simulaciones Auriga, modelos computacionales que recrean galaxias similares a la Vía Láctea y permiten observar cómo reaccionan ante colisiones antiguas.
Los discos galácticos pudieron formarse antes de lo pensado
Las simulaciones muestran que los discos estelares giratorios probablemente se formaron mucho antes de lo que indicaban estudios previos. Sin embargo, estas estructuras podían ser destruidas parcial o completamente tras el impacto con otras galaxias masivas.
Según los investigadores, esto significa que el momento en el que hoy se detecta el giro ordenado del disco galáctico no necesariamente marca su formación inicial, sino el instante en que la galaxia logró recuperarse después de una colisión devastadora.
Aplicando estos modelos, los científicos concluyen que la fusión Gaia-Sausage-Enceladus probablemente ocurrió hace unos 11.000 millones de años, una fecha anterior a muchas estimaciones anteriores.
“Fuegos artificiales” de formación estelar tras el impacto
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la conexión entre esta colisión y un intenso periodo de nacimiento de estrellas dentro de la Vía Láctea.
Los investigadores detectaron que la fecha estimada para la fusión coincide con un fuerte incremento en la formación de cúmulos estelares. Este fenómeno sería consecuencia directa de la compresión del gas galáctico tras el impacto, desencadenando auténticos “fuegos artificiales” de creación estelar.
“Los modelos de la fusión Gaia-Sausage-Enceladus predicen que un fuego galáctico debería haber seguido el impacto, lo que habría hecho aumentar la formación de estrellas y fomentado la formación de cúmulos globulares. Esta es la primera vez que se hace este enlace”, explicó Chervin F. P. Laporte, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y colaborador del estudio.
Por su parte, Matthew D. A. Orkney, autor principal de la investigación e investigador del ICCUB y del IEEC, señaló que “esta investigación pone de relieve la importante relación entre la estructura galáctica y las colisiones antiguas, que deben entenderse al unísono para comprender la historia de nuestra galaxia”.
El telescopio James Webb permitirá seguir investigando
Aunque resulta imposible observar directamente el pasado de la Vía Láctea, los astrónomos cuentan actualmente con herramientas capaces de estudiar galaxias similares en etapas tempranas del universo.
Los investigadores destacan que instrumentos como el telescopio espacial James Webb (JWST) y el radiotelescopio ALMA, ubicado en el desierto de Atacama, permitirán comparar estas simulaciones con observaciones reales de galaxias lejanas.
Este tipo de estudios no solo ayuda a comprender cómo nació la Vía Láctea, sino también cómo evolucionan las galaxias en todo el universo.

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